La Neurociencia nos dice sobre cómo segmentar mejor a las audiencias

POSTED ON septiembre 12th  - POSTED IN Sin categoría

Los consumidores siguen ciertos patrones a la hora de decidir qué comprar

Lo que la Neurociencia nos dice sobre cómo segmentar mejor a las audiencias

Una de las cosas que antes se aprenden cuando se está haciendo estrategia de marca es la de que los mensajes tienen que ajustarse al mercado al que uno quiere llegar. Es decir, los mensajes ‘totales’, esos que con el mismo reclamo quieren llegar a audiencias millonarias, no funcionan. Hay que ajustar lo que se está diciendo y transmitiendo al mercado exacto al que se intenta llegar con un producto o con un servicio. No es lo mismo, al final, vender a un adolescente que intentarlo con su abuelo. Lo que uno y otro quieren escuchar es distinto y lo que la marca tiene, por tanto, que decir, también lo es.

Pero, a pesar de que las marcas tienen muy clara esta lección y saben que las cosas tienen que ajustarse a esas ideas, la segmentación no siempre funciona y no siempre se está haciendo realmente bien. Las marcas pinchan muchas veces en ese proceso, incluso cuando han hecho ya muy bien la segmentación y han logrado hacer muy bien los deberes de determinar con quien necesitan hablar para lanzar su producto.

¿Qué es lo que falla?

Muchas veces el punto clave, aquel que hace que las cosas no funcionen como deberían ser, está en lo que los consumidores esperan y lo que las marcas hacen. Las marcas han hecho bien el trabajo de encontrar mercado y de dividir a los consumidores en diferentes nichos de mercado y en diferentes segmentos que recibirán igualmente distintos mensajes, pero, a pesar de todo, no logran crear los mensajes más adecuados para ellos.

¿Por qué ocurre esto?

La clave está en lo que se dice y no tanto en lo que se hace. Las marcas hacen el trabajo de diferenciar y separar a las audiencias, pero después no son capaces de crear los mensajes que mejor encajen con ellas.
Y ahí es donde podría entrar en juego la neurociencia. Según apuntan los expertos, la neurociencia podría ayudar a afinar los mensajes y a hacerlos mucho más adecuados para sus receptores, lo que haría que estos fuesen capaces de percibir mejor lo que la marca le está queriendo decir.

Como explica a Warc Peter Steidl, un especialista en neurociencia, las marcas no siempre saben aprovechar bien la segmentación realizada. Han identificado muy bien las potenciales audiencias a las que tienen que llegar, pero los mensajes que les lanzan no pulsan las teclas correctas. Es decir, los mensajes no son los que realmente empujan al consumidor a comprar.
Los consumidores siguen ciertos patrones a la hora de decidir qué comprar. En el cerebro, existen ciertos circuitos que son los que se siguen para tomar decisiones de compra y que han sido establecidos a lo largo de los años en la mente del consumidor. Estos circuitos son, de hecho, los que marcan el comportamiento de consumo de los compradores muchas veces a lo largo de toda su vida.

Los mensajes que triunfan

Los mensajes de las marcas tienen que ser capaces, por tanto, de llegar a esos circuitos, de lanzar el mensaje que activará ese comportamiento. Es decir, las marcas tienen que identificar antes que nada el elemento que impulsa las decisiones de compra de sus consumidores, lo que hace que sus consumidores realmente se queden con un producto.

Por ejemplo, las marcas suelen tener más éxito entre los consumidores si estos sienten que la compañía en cuestión y el producto en cuestión sirven para cumplir con sus objetivos. Cuando esto ocurre, el consumidor siente que está cumpliendo con sus metas y se produce un efecto químico. Se libera dopamina y el consumidor se siente bien, se siente mejor.

Pero esto no es solo lo que puede variar el mensaje y el cómo conectar con el consumidor, sino que también entran en juego otros factores. La edad y el género de los consumidores puede cambiar por completo cómo estos ven al producto y cómo esperan recibir esos mensajes. La marca no les puede decir lo mismo a todos ellos.

El BIG DATA no es nuevo. Es distinto

POSTED ON septiembre 6th  - POSTED IN Sin categoría

El Big Data, ¿Nos viene aún grande?
La gran cantidad de información que incluye el Big Data de poco sirve si no se posee la capacidad y los medios para convertirla en conocimiento.

“Todos los días generamos 2,5 trillones de bytes en datos; el 90% de los datos del mundo acumulados a día de hoy se han creado en los últimos dos años.” Son algunas de las constataciones que nos proporciona SINTEF, la mayor organización de investigación independiente de los países escandinavos.
“Cada hora se pueden procesar una media de 60 millones de transacciones procedentes de cerca de 2.000 millones de tarjetas en 220 países, a través de más de 40 millones de comercios” y, sin embargo, “el 90% de todos los datos que generan dispositivos como smartphones, tabletas, vehículos y electrodomésticos conectados nunca se analiza? la mayor parte de ellos empiezan a perder valor en cuestión de milisegundos?” afirman investigadores de IBM.

Como ya se sabe, a esto ahora lo llamamos “Big data”, que no es sino ese inmenso volumen de información personal que, en formato digital, vamos dejando en los cada vez más numerosos dispositivos de nuestra interconectada vida. Para situarnos un poco mejor en la realidad del Big Data hay que recordar, por ejemplo que, por muy digitales que sean, tales bits necesitan un espacio físico donde guardarse: son los Data Center, uno de cuyos mayores problemas, por cierto, es algo tan prosaico como la refrigeración de sus potentes servidores, lo que está acelerando proyectos de instalaciones submarinas. Facebook, Google? poseen grandes centros de datos por razones obvias; sin embargo alguien vislumbró que ahí había negocio y hoy es Digital Realty la compañía que tiene las mayores instalaciones puesto que se dedica a la adquisición, venta y alquiler de las mismas. Cuando el contenido es tan importante, el continente puede ser muy rentable.

El BIG DATA no es nuevo. Es distinto

El Big Data es hoy uno de esos fenómenos a los que la sociedad periódicamente debe “enfrentarse”, en el mejor de los sentidos (o no), y que son fruto de su propia evolución y conocimientos. Quizá un equivalente histórico sea la aparición de la imprenta o la de los vehículos a motor. La escritura y la rueda ya existían pero fueron la capacidad de multiplicar la reproducción escrita y la de acelerar el movimiento de la rueda lo que introdujo un cambio sustancial en su uso y su influencia. La información personal organizada y acumulada, de manera similar, también existía antes del Big Data. Acerquémonos a la sacristía de cualquier Iglesia y comprobaremos cómo allí se conservan registrados datos personales por décadas e incluso siglos. No digamos en un Registro Civil o Notarial. Es la historia, nuestra historia, lo que ni más ni menos, se va conformando con tales anotaciones. Un Museo es también un “Little Data” temático, allí donde se guardan los restos de nuestro pasado que ayudan a entender nuestro presente.
Todavía es pronto, seguramente, para evaluar las consecuencias del Big Data y su creciente uso por parte de empresas, instituciones y personas. Van detectándose poco a poco implicaciones éticas, legales, económicas, o que afectan a nuestra propia convivencia y las relaciones que tenemos con nuestro entorno, pero falta perspectiva y también quizá la constatación suficiente de sus consecuencias a nivel personal para que incluyamos hoy a este fenómeno entre nuestras preocupaciones. A lo sumo somos capaces de asumir que la difusión de nuestros datos y el uso de los mismos por terceros, aun cuando sea con fines comerciales (es decir, para ganar dinero a nuestra costa), forma parte del precio que hemos de pagar por el uso y disfrute de las nuevas tecnologías y sistemas de comunicación, así como por el acceso libre a contenidos ilimitados.

Como de forma acertada afirma Chris Meyer, en el recorrido de los datos a la sabiduría existen dos peldaños intermedios que son la información y el conocimiento. Pues bien, el Big Data viene a ser un atajo que facilita precisamente la conversión de la pura información, como cúmulo de datos simplemente reunidos y medianamente organizados, en conocimiento, o sea en el “dominio” útil de tal información una vez analizada y estructurada para un fin determinado.

Al menos, esa es la teoría. En realidad el mundo del Big Data aplicado exige algunos requisitos so pena de aceptar el caos como magnitud atractiva y útil.
Del BIG DATA al “Useful Data”
Pongámonos en el caso de una empresa, quizá pequeña o mediana, que quiere aproximarse al mundo del Big Data y empezar a vislumbrar su uso. En primer lugar es imprescindible, como condición sine qua non, laaccesibilidad a los datos.

Una de las realidades que los expertos vislumbran en un futuro próximo es el incremento drástico del comercio de datos. De acuerdo con Statista, el valor de mercado del Big Data en 2015 fue de 11 mil 957 millones de euros, y se estima que en 2016 sea de 15 mil 732 millones de euros. En otras palabras, nuestros datos tienen un reflejo económico más que considerable. El “I agree” que de manera refleja clicamos en redes, webs de e-commerce, buscadores etc. es su puerta de entrada a nuestra información y ésta pasa a ser un producto tan apetecible como valioso.
Pero nuestra Pyme, aunque podría acceder a este comercio, quizá prefiera empezar por algo más a su alcance, por ejemplo, su propia base de datos de clientes, o la información contenida en su servicio post-venta, o en los reports comerciales. Eso son datos que cumplen con el primer requisito de accesibilidad.

El segundo paso es el análisis (recordemos que hay que pasar de la información al conocimiento). Eso, entre otras cosas, consiste en lo que los expertos llaman “eliminar el ruido”, porque la condición de “dato” no es en si misma una garantía de utilidad. En el ejemplo, nuestra empresa debería contrastar sus ficheros para eliminar nombres erróneos, personas fallecidas, teléfonos fallidos etc. Se trata de aplicar unos filtros de puro sentido común que, en buena medida, pueden automatizarse.

Y el tercer paso es contextualizar la información que poseemos . En sectores como la Banca y respecto al uso que los clientes hacen de sus tarjetas de crédito, es básico conocer no solo el volumen global de compras, o la cantidad de intercambios realizados sino las circuntancias en que se realizan aplicando parámetros sociodemográficos, geográficos, temporales, etc.
El Big Data y su “cadena de montaje”

Pues bien, si a partir de dos requisitos previos como son su volumen y su variedad, ya poseemos los datos, los hemos filtrado y situado en un contexto preciso, nos topamos con la necesidad de procesarlos. Cuando hablamos de Big Data con su significado real, o sea de una gran cantidad de información, se aplica la llamada “computación distribuida” que no es sino el reparto de tal masa de datos entre distintos procesadores para luego agrupar el conocimiento extraído.

Empresas como Google aplican su propio modelo de procesamiento, llamado Map Reduce, a cuyo resultado accedemos los usuarios al consultar Google Trends o Page Rank, por ejemplo. En código libre está HADOOP y la Universidad de Berkeley, por su parte, desarrolló Spark, entre otros.

¿Y cuál es el resultado de todo este proceso?
En pocas palabras: convertir datos en valor mediante la combinación, como hemos visto, de procesos digitales y análisis racionales, y todo ello para alcanzar el conocimiento útil para una mejor toma de decisiones empresariales. El Big Data, por tanto, no es nada si no es “para”. Solo es valioso en razón de una finalidad que vaya más allá de su simple contemplación. De lo contrario estaríamos en la posición del avaro que se conforma con observar sus tesoros mientras vive en la miseria.

El futuro nos depara sorpresas, seguro. Y muchas de ellas vendrán de la mano del Big Data. Algunas ya comienzan a intuirse, en relación con la salud, la seguridad, el mercado e incluso los deportes. Otras ni las imaginamos. Los seres humanos inmersos en la civilización actual somos especialmente fecundos en dos cosas que generamos y difundimos con una incontinencia imparable: desechos y datos. El reto, ya en marcha, es controlarlos para minimizar sus efectos negativos, y “domesticarlos” para hacerlos valiosos en una forma vida que habrá de apoyarse en una fructífera gestión de la realidad antes que en la ficción.
Fuente: PuroMarketng.com

¿Todos los Millennials son iguales?

POSTED ON septiembre 1st  - POSTED IN Sin categoría

Cinco perfiles para cinco tipos de empresarios

La prioridad de la vida personal ante la profesional y el deseo de independencia son algunas de las características comunes de estos jóvenes empresarios
Los tan famosos Millennials tienen muchas características en común que los definen y que han conseguido unificar a esta generación de jóvenes empresarios. Entre ellas, el deseo de independencia, la creencia en el bien social o el compromiso de la felicidad de los empleados de sus compañías son algunas de las peculiaridades que distinguen a este singular grupo de los clásicos empresarios.

Así lo asegura el informe Walk With Me, elaborado por Sage, líder mundial en sistemas integrados de gestión, nómina y pagos, que da a conocer los intereses y la forma de comportamiento empresarial de esta nueva generación. Pero a pesar de la catalogación de Millennials como un solo grupo, no existe homogeneidad entre ellos y gracias a las conclusiones de este informe Sage ofrece cinco grupos según sus prioridades y su comportamiento en el entorno de trabajo:

1.- Los planificadores con principios: suelen planificar metódicamente su trabajo y disfrutan de él. Siempre inquietos, buscan ser los dueños de su propio destino y tienen un toque ambicioso a la par que saben disfrutar de su trabajo. Valoran más a las personas que a la tecnología pero confían en ella para estar por delante de la competencia. En diez años se ven a sí mismos ahorrando en el presupuesto destinado al espacio de oficina y en gastos generales para invertir en trabajo móvil y emplear a trabajadores desde el extranjero.

El 66% son hombres frente al 33% que son mujeres
Perfiles de este tipo suelen ser comunes en países como Nigeria, Sudáfrica y Canadá
Tienen potencial medio para emprender más de un negocio
2.- Los amantes de la tecnología: son unos apasionados de su trabajo y creen firmemente en el poder de la tecnología. No conciben la idea de sentarse a esperar de brazos cruzados y muestran un gran interés por compartir sus ideas con el mundo. Confían y sueñan con que sus valores creen impacto social. No confían en las apariencias y valoran la tecnología por encima de la gente para la buena marcha de su negocio, tanto, que consideran que las redes son cruciales para su trabajo. Les preocupa la dependencia de la financiación y la saturación del mercado.

El 53% son hombres frente al 47% que son mujeres
Perfiles de este tipo suelen ser comunes en países como Sudáfrica, Estados Unidos y Canadá
Tienen potencial medio para emprender más de un negocio
3.- Los descubridores innatos: aman lo desconocido y confían en su instinto. Suelen priorizar el trabajo sobre la vida y es muy importante para ellos dejar su legado para que sean recordados. Les encanta la tecnología y dependen de ella a pesar de que afirman que no es crucial para su éxito. Ganar dinero es mucho más importante que el honor a sus valores personales y sociales, por eso mismo, su objetivo es trabajar muchas horas, hacerse rico pronto y retirarse lo antes posible. Suelen dejar libertad a los empleados, y les entregan mucha confianza.

El 67% son hombres frente al 33% que son mujeres
Perfiles de este tipo suelen ser comunes en países como Australia y Singapur
Tienen potencial alto para emprender más de un negocio
4.- Los realistas: suelen combinar un enfoque metódico con su instinto. Tienen como objetivo hacer crecer su negocio pero siempre y cuando puedan continuar trabajando para sí mismos. Valoran mucho más a las personas que a la tecnología y prefieren hacer negocios en el mundo real, por encima del mundo virtual. Suelen elegir la vida sobre el trabajo pero están orgullosos de su trabajo y creen en el poder de la gente.

El 65% son hombres frente al 35% que son mujeres
Perfiles de este tipo suelen ser comunes en países como Suiza, Alemania y España
Tienen potencial bajo para emprender más de un negocio
5.- Los amantes del riesgo: no se preocupan demasiado por la tecnología y les es indiferente en qué medida esta puede ayudar a su negocio, tanto es así que piensan que podrían manejar su negocio con la tecnología de hace veinte años. Siempre están buscando el siguiente desafío para no aburrirse y disfrutan de lo desconocido. Suelen entender el éxito de su negocio como suyo propio y trabajan por la felicidad de sus empleados, que tienden a compartir la ambición y el empuje de sus jefes.

El 72% son hombres frente al 28% que son mujeres
Perfiles de este tipo suelen ser comunes en países como Suiza, Bélgica y Polonia
Tienen potencial bajo para emprender más de un negocio
“Los empresarios Millennials están aportando mucho al mundo laboral moderno y a la economía actual”, explica Stephen Kelly, CEO de Sage. “Además, gracias a la heterogeneidad de esta generación, aportan distintos valores y enriquecen el panorama empresarial. Conocer sus inquietudes y su forma de trabajo ayudará, y mucho, al resto de empresarios”, concluye Kelly.
Fuente: PuroMarketing.com

¿Por qué el mismo plan de marketing no vale para todo el mundo?

POSTED ON agosto 29th  - POSTED IN Sin categoría

Una de las constantes en el día a día de los responsables de las marcas es el de buscar la llave mágica que permitirá encontrar la solución perfecta a todos sus problemas. Es decir, todo el mundo está esperando encontrar la herramienta que será la solución a todo, el elemento que permitirá llegar a todos los consumidores, lograr conexiones realmente profundas y conectar con todos ellos a niveles muy profundos y sólidos. Todos están buscando una receta mágica que les ayude a cumplir con sus objetivos y una guía que les permita ser eficientes y pulsar ‘las teclas correctas’.

Por ello, los estudios tienen un efecto de fascinación sobre los responsables de marketing y por ello los casos de éxito son lecturas que resultan fascinantes y que se consumen con ávido interés, ya que pueden ser la clave para comprender qué es lo que se está haciendo y qué es lo que debe hacer. Todo el mundo quiere encontrar la clave o la receta mágica que hará que los problemas se hagan menores y que los resultados sean mucho mejores.

Pero lo cierto es que no existe tal receta mágica y no existe ninguna manera de lograr resultados solo aplicando unas cuantas normas. Lo que a unos le funciona no tiene necesariamente que funcionarles a los demás y no consigue por tanto igualar esos resultados. Como explican en un análisis en MarketingProfs, esto se ve muy bien en el marketing digital. No todas las estrategias funcionan igual en todas las marcas y para todas las marcas. Es decir, no se puede ver lo que ha hecho una compañía que ha triunfado y copiarlo directamente para otra. Puede que se copien todos los pasos y puede que se intente hacer exactamente lo mismo, pero lo cierto es que los resultados no serán iguales.

¿Por qué ocurre esto? Cuando se piensa en lo que ocurre en el mundo B2B y en el B2C parece claro y sencillo encontrar esas diferencias y ver realmente dónde está el punto de desequilibrio. Sin embargo, todo es mucho más complejo y la cuestión abarca muchos más puntos que esos. Por un lado, se mueven en canales diferentes. Por otro, venden servicios, productos y experiencias distintas. Y, se puede añadir, al final cada marca es diferente y tiene una personalidad única.

Hay que ver todo como algo diferenciado

Se podría decir que las marcas tienen que pensar como profesores de primaria. Se podía pensar de entrada que ellos trabajan con un ‘público’ muy heterogéneo. Al fin y al cabo, ¿qué diferencias pueden existir entre un montón de niños de 6 años? Pero seguro que si se les pregunta a esos profesores responderán que muchísimas y que cada niño es una entidad individual, muy diferente del resto, lo que hace que lo que funcione para unos no lo haga para ellos.

Al margen de todas las diferencias que existen entre marcas, consumidores y mercados, las marcas tienen ahora una posición de ventaja. Ser únicos, ser diferentes, es ahora más sencillo que nunca. Como recuerdan en MarketingProfs, las nuevas tecnologías y el hecho de que cada vez se sea más consciente de la importancia de los datos a la hora de tomar decisiones hace que las compañías estén en posiciones mucho más destacadas y mucho más sencillas para tomar decisiones informadas y para gestionar mejor sus estrategias de marketing, al tiempo que pueden llegar mejor a sus objetivos, ya que sus posiciones de partida son mucho más sólidas. Los datos sirven para conectar mejor con los consumidores y permiten aumentar la rentabilidad y la retención de los consumidores, ya que se hace una comunicación mucho más efectiva y mucho más cercana a lo que el consumidor quiere.

Pero este no es el único punto en el que las marcas tienen que tener cuidado. No solo hay que ser más consciente del consumidor a la hora de establecer qué decir y qué hacer para conectar con él, sino que además es más importante que nunca ser capaz de establecer ‘el momento’. Las marcas tienen que conectar cada vez más con el momento en el que están lanzando su mensaje y con el contexto en el que se moverá el mismo. ¿Por qué es esto importante? La clave está en cómo ha cambiado el mundo. Las redes sociales, internet, todo ha hecho que todo sea mucho más inmediato y ha hecho que los mensajes se vean afectados.

Por otro lado, no se pueden seguir usando los mismos trucos que en el pasado. Las marcas no deben ser esclavas en su estrategia de las cosas que funcionaron en el pasado o de las estrategias que triunfaron antes. Tienen que ser más conscientes que nunca de cómo ha cambiado el mercado y cómo deben cambiar ellas.
Fuente: PuroMarketing.com

Cómo los deportes siguen modificando con fuerza los hábitos de consumo

POSTED ON agosto 24th  - POSTED IN Sin categoría

Los deportes son más populares que nunca
Cómo los deportes siguen modificando con fuerza los hábitos de consumo
El ser fan de los deportes es más popular que nunca, a medida que los deportes aumentan su alcance internacional a través de la televisión y del streaming
Uno de los elementos que han jugado a favor de las marcas en las últimas décadas han sido los deportes. El siglo XX ha sido el siglo de la popularización del deporte de masas, gracias a que los nuevos medios de comunicación hacían más posible que nunca que grandes masas de espectadores y seguidores se enterasen de lo que estaba ocurriendo con sus equipos favoritos y con sus deportistas de cabecera. Las noticias de deportes irrumpieron en todos los grandes medios y los consumidores empezaron a seguir casi con fervor religioso lo que ocurría con sus deportistas y equipos favoritos. Y cuando algo despierta tanta atención, las marcas acaban directamente en ‘el ajo’. Con la popularidad masiva de los deportes llegó también el uso de las marcas de los mismos.

Los patrocinios irrumpieron, los anuncios aparecieron por todas partes y las marcas empezaron a pagar abrumadoras cantidades de dinero para aparecer ligadas a los equipos y deportistas de éxito. Con el boom de la televisión, las cosas se hicieron además mucho más golosas, ya que las marcas no solo sabían que contarían con grandes momentos de atención sino que además eran conscientes de que las audiencias serían millonarias. Cada vez más y más personas se sentaban a ver en la tele los grandes eventos deportivos. Las finales de los grandes deportes y los eventos destacados (desde la final del Mundial de fútbol o la SuperBowl estadounidense) empezaron a lograr audiencias de impacto.

Pero ¿qué ocurre ahora que la televisión está empezando a hacer tanto daño a la televisión y a dinamitar y fragmentar sus audiencias? ¿Siguen siendo los deportes una gran apuesta a la hora de establecer cómo llegar a los consumidores de forma masiva? ¿O ha llegado el momento de buscar otra cosa? Ahora que los Juegos Olímpicos empiezan a apagarse y empieza el momento dorado de las siguientes grandes citas deportivas, como la Liga, la pregunta parece bastante pertinente. Un estudio de Euromonitor acaba de analizar a los fans de los deportes y como esa condición de fans del deporte influye en ellos como consumidores. De sus datos se pueden sacar unas cuantas conclusiones.

Los deportes son más populares que nunca

“El ser fan de los deportes es más popular que nunca, a medida que los deportes aumentan su alcance internacional a través de la televisión y del streaming”, apuntan en las conclusiones del estudio como punto de partida, antes de dar más datos. El reinado de los deportes no ha terminado y por tanto su peso no se ha diluido. De hecho, los cambios en el consumo de contenidos más que frenar su peso lo han empezado a hacer más creciente. Los consumidores acceden a la información deportiva de un modo diferente, pero siguen accediendo a ello y siguen siendo fans de los deportes.

El hecho de que los derechos de emisión se estén vendiendo de forma cada vez más global está haciendo que su alcance sea mayor y que los consumidores empiecen a interesarse más en más deportes. Es decir, la mayor oferta de contenidos está haciendo que haya un interés más amplio en los deportes.

Este interés creciente ha hecho que el mercado deportivo sea cada vez más valioso. Una estimación de AT Kearney apunta a que el valor del mercado deportivo mundial se habrá duplicado en 2017 frente a 2005. En 2013, movía 76.100 millones de dólares en tickets, derechos de emisión y patrocinios. Sumando todos los elementos derivados, como bienes deportivos, ropa o elementos de salud y fitness su valor estaba en 700.000 millones de dólares. Era más de lo que se había conseguido en 2005 pero menos de lo que se esperaba para 2017. Todo ello se había logrado, además, en medio de una brutal crisis económica.

El mayor mercado deportivo del mundo en ingresos asociados a eventos deportivos es Europa, lo que hace que el fútbol sea quien más dinero mueve (es el deporte con más peso dentro del continente).

Y se ven de forma más diversa que nunca

Pero no solo los deportes están viviendo una época dorada en interés, sino que además están viendo también cómo cambia el modo en el que se accede a ellos. Los consumidores ven las retransmisiones de forma cada vez más diversa. Ya no solo se ve en la tele, sino también en dispositivos conectados a la red y en formatos más y más diversos (desde el ordenador al smartphone pasando por el tablet) lo que hace que, por un lado, el espectador sea cada vez más multipantalla (tanto que no es ya tan raro el ver dos partidos al mismo tiempo en dos dispositivos distintos o el ver en uno y seguir la información paralela en otro) y que, por otro, los grandes poderes del deporte están jugando cada vez más con ello (la NFL estadounidense, por ejemplo, vende de forma separada los derechos de retransmisión de tele y streaming).

Las segundas pantallas se están consolidando de forma notoria. Según los datos del estudio, la mayor parte de los consumidores que las emplean las usan para seguir comentarios en directo de otros encuentros (por debajo del 45%), para hablar con sus amigos de deportes (por encima del 20%), ver breves vídeos o destacados sobre otros deportes (20%), ver otro partido (sobre el 17%) o actualizar en redes sociales sobre el juego que están viendo (un 14%). Pero este crecimiento de las segundas pantallas no solo está modificando lo que se hace durante el juego, sino también las pautas de consumo de los espectadores, tanto que los grandes clubs deportivos están empezando a jugar con ello. Algunos estadios, especialmente en las zonas VIP, están permitiendo ya hacer pedidos online de comida y bebida que son servidos en el asiento. De este modo, el consumidor no se mueve de donde está, pero a pesar de todo sigue consumiendo y los responsables maximizan beneficios.

El boom de las segundas pantallas y sobre todo el peso que están tomando las redes sociales en las emisiones deportivas y en los propios eventos también está cambiando las dinámicas de relación. Las marcas y los deportistas están jugando cada vez más y más con las redes sociales, que se han convertido no solo en una llave para el engagemet y la fortaleza de marca sino también para hacer negocios y para usarlo de plataforma para hacer patrocinios (un mensaje de Nadal sobre un reloj tuvo un impacto tan elevado que fue responsable del 78% de las ventas).

Los deportes modifican pautas de consumo en mercados secundarios

El peso de los deportes es cada vez más elevado y eso hace que la influencia que los mismos tienen alcance cada vez más elementos. De hecho, cada vez es más fuerte la relación entre el turismo y los grandes eventos deportivos, que han hecho que los flujos de visitantes aumenten de forma espectacular ligados a estas actividades. Brasil lleva viendo esta tendencia en los últimos años (no solo han sido el país olímpico, también tuvieron el Mundial hace unos años) y Polonia lo vivió también gracias al fútbol. Sin embargo, no basta solo con el evento deportivo, sino que hay que saber jugar con ello y hay que apuntalarlo. Reino Unido, por ejemplo, vivió crecimiento plano en turismo en el año de Londres 2012 en turismo internacional.

El impacto que los deportes pueden tener a la hora de apuntalar otros mercados puede verse no solo en las cifras generales del turismo sino también en las de mercados mucho más específicos como el caso de la llamada sharing economy, que ha visto como los grandes eventos deportivos ayudaron a los consumidores a familiarizarse con ella y a usarla cada vez más. Airbnb, por ejemplo, no solo ha crecido en Brasil sino que además ha logrado meterse en el discurso oficial (han cerrado un acuerdo para ofrecer alojamiento alternativo). Los expertos esperaban, antes de que arrancasen los juegos, que no solo Airbnb viviese un boom sino también las apps de transporte, comida o entretenimiento.

Nadie escribe, pero todos leen

POSTED ON agosto 22nd  - POSTED IN Sin categoría

Pocos consumidores dejan su opiniones, pero casi todos se fían de la de los demás
Los estudios han ido demostrando que cada vez dependemos más de estas opiniones y que cada vez confiamos más y más en ellos.
Una de las grandes obsesiones de las marcas es la de lograr que los consumidores dejen comentarios sobre los productos que compran o sobre las experiencias que han tenido en relación con la compañía. Este interés de las firmas en el comentario, en la opinión, tiene muchas explicaciones y se puede comprender partiendo de muchas cuestiones. Los consumidores valoran mucho, en general, las opiniones que los demás tienen de las cosas que consumen, tanto que ya toman sus decisiones de compra partiendo de ellas. ¿Quién no ha acabado por rechazar un hotel en una web de viajes porque las opiniones de los demás señalaban que la experiencia era muy mala y que el servicio resultaba muy deficiente?

Las redes sociales han hecho además que opinar sea mucho más fácil que nunca y que las opiniones se den mucho más por sentadas que nunca. La red ha creado herramientas que hacen que decir lo que se piensa sea mucho más fácil que nunca y que encontrar una opinión sobre un producto o un servicio también lo sea. Solo hay que conectarse a internet y opinar y solo hay que abrir la red social de turno para buscar datos y opiniones que otros consumidores tienen sobre lo que hemos consumido.

Las opiniones de los demás funcionan por un lado como social proof, lo que se conoce como huella social y haciendo que el consumidor sienta que está siendo legitimizado en su compra por lo que los demás opinan y hacen. Por otra parte, los comentarios son una fuente que se ve mucho más fiable y solvente para conocer y confiar en un producto.

Por ello, a los consumidores les encanta leer las opiniones de los demás. Los estudios han ido demostrando que cada vez dependemos más de estos mensajes y que cada vez confiamos más y más en ellos. Pero, a pesar de lo mucho que nos gustan las opiniones y a pesar de que se emplea los comentarios de los demás como guía antes de hacerse con un producto, a los consumidores no les gusta tanto escribir como leer. Como acaba de demostrar un estudio de AYTM Market Research, a la mayoría de los consumidores dejar un comentario no es algo que les salga de forma natural.

Traducido a datos y a porcentajes, la situación se ve mucho más clara y la relación entre unos elementos y otros de forma mucho más visible. Según las cifras del estudio, solo un 6% de los consumidores deja reviews de los productos o servicios que ha consumido. Este es el porcentaje que reconoce que lo hace siempre.

A ellos hay que sumar el 15% que dice que deja opiniones la mayor parte de las veces y el 24% que dice que lo hace la mitad de las veces, para encontrar que al final hay un 45% de consumidores que deja opiniones.

La cifra porcentual es más baja que los que casi nunca o nunca dejan opiniones sobre las cosas que consumen. Un 35% de los encuestados reconoce que casi nunca deja opiniones y un 20% que nunca lo hace. Sumados, son un 55% de consumidores muy poco inclinados a dejar por escrito sus opiniones.

Nadie escribe, pero todos leen

Y, frente a estos datos, la mayoría de los consumidores sí emplea los comentarios como guía de consumo y sí siguen sus recomendaciones a la hora de decidir qué es lo que quieren consumir. Partiendo de datos de la misma encuesta y por tanto de la misma masa de consumidores, es posible determinar que, aunque la gente no quiere escribir sus opiniones, sí quiere leer las de los demás.

De hecho, 7 de cada 10 consumidores comprueba los comentarios antes de comprar un producto de tecnología, un 46% lo hace en productos del hogar, un 40% comprueba lo que dicen los demás antes de ir a un restaurante o a un hotel y un 35% lo hace con ropa y accesorios.

Las opiniones son además muy importantes a la hora de comprar online, tanto que los consumidores las consideran un elemento indispensable. Un 20% siempre se fía de ellas y un 29,5% lo hace la mayoría de las veces (lo que deja prácticamente la mitad de los consumidores leyendo opiniones online cuando compran en ecommerce), cifras muy fuertes que superan ampliamente a quienes no tienen en cuenta para nada lo que opinan los demás. Solo un 10% apunta que nunca mira las opiniones online en ecommerce.
Fuente: Puromarketing.com

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