¿Por qué el mismo plan de marketing no vale para todo el mundo?

POSTED ON agosto 29th  - POSTED IN Sin categoría

Una de las constantes en el día a día de los responsables de las marcas es el de buscar la llave mágica que permitirá encontrar la solución perfecta a todos sus problemas. Es decir, todo el mundo está esperando encontrar la herramienta que será la solución a todo, el elemento que permitirá llegar a todos los consumidores, lograr conexiones realmente profundas y conectar con todos ellos a niveles muy profundos y sólidos. Todos están buscando una receta mágica que les ayude a cumplir con sus objetivos y una guía que les permita ser eficientes y pulsar ‘las teclas correctas’.

Por ello, los estudios tienen un efecto de fascinación sobre los responsables de marketing y por ello los casos de éxito son lecturas que resultan fascinantes y que se consumen con ávido interés, ya que pueden ser la clave para comprender qué es lo que se está haciendo y qué es lo que debe hacer. Todo el mundo quiere encontrar la clave o la receta mágica que hará que los problemas se hagan menores y que los resultados sean mucho mejores.

Pero lo cierto es que no existe tal receta mágica y no existe ninguna manera de lograr resultados solo aplicando unas cuantas normas. Lo que a unos le funciona no tiene necesariamente que funcionarles a los demás y no consigue por tanto igualar esos resultados. Como explican en un análisis en MarketingProfs, esto se ve muy bien en el marketing digital. No todas las estrategias funcionan igual en todas las marcas y para todas las marcas. Es decir, no se puede ver lo que ha hecho una compañía que ha triunfado y copiarlo directamente para otra. Puede que se copien todos los pasos y puede que se intente hacer exactamente lo mismo, pero lo cierto es que los resultados no serán iguales.

¿Por qué ocurre esto? Cuando se piensa en lo que ocurre en el mundo B2B y en el B2C parece claro y sencillo encontrar esas diferencias y ver realmente dónde está el punto de desequilibrio. Sin embargo, todo es mucho más complejo y la cuestión abarca muchos más puntos que esos. Por un lado, se mueven en canales diferentes. Por otro, venden servicios, productos y experiencias distintas. Y, se puede añadir, al final cada marca es diferente y tiene una personalidad única.

Hay que ver todo como algo diferenciado

Se podría decir que las marcas tienen que pensar como profesores de primaria. Se podía pensar de entrada que ellos trabajan con un ‘público’ muy heterogéneo. Al fin y al cabo, ¿qué diferencias pueden existir entre un montón de niños de 6 años? Pero seguro que si se les pregunta a esos profesores responderán que muchísimas y que cada niño es una entidad individual, muy diferente del resto, lo que hace que lo que funcione para unos no lo haga para ellos.

Al margen de todas las diferencias que existen entre marcas, consumidores y mercados, las marcas tienen ahora una posición de ventaja. Ser únicos, ser diferentes, es ahora más sencillo que nunca. Como recuerdan en MarketingProfs, las nuevas tecnologías y el hecho de que cada vez se sea más consciente de la importancia de los datos a la hora de tomar decisiones hace que las compañías estén en posiciones mucho más destacadas y mucho más sencillas para tomar decisiones informadas y para gestionar mejor sus estrategias de marketing, al tiempo que pueden llegar mejor a sus objetivos, ya que sus posiciones de partida son mucho más sólidas. Los datos sirven para conectar mejor con los consumidores y permiten aumentar la rentabilidad y la retención de los consumidores, ya que se hace una comunicación mucho más efectiva y mucho más cercana a lo que el consumidor quiere.

Pero este no es el único punto en el que las marcas tienen que tener cuidado. No solo hay que ser más consciente del consumidor a la hora de establecer qué decir y qué hacer para conectar con él, sino que además es más importante que nunca ser capaz de establecer ‘el momento’. Las marcas tienen que conectar cada vez más con el momento en el que están lanzando su mensaje y con el contexto en el que se moverá el mismo. ¿Por qué es esto importante? La clave está en cómo ha cambiado el mundo. Las redes sociales, internet, todo ha hecho que todo sea mucho más inmediato y ha hecho que los mensajes se vean afectados.

Por otro lado, no se pueden seguir usando los mismos trucos que en el pasado. Las marcas no deben ser esclavas en su estrategia de las cosas que funcionaron en el pasado o de las estrategias que triunfaron antes. Tienen que ser más conscientes que nunca de cómo ha cambiado el mercado y cómo deben cambiar ellas.
Fuente: PuroMarketing.com

Cómo los deportes siguen modificando con fuerza los hábitos de consumo

POSTED ON agosto 24th  - POSTED IN Sin categoría

Los deportes son más populares que nunca
Cómo los deportes siguen modificando con fuerza los hábitos de consumo
El ser fan de los deportes es más popular que nunca, a medida que los deportes aumentan su alcance internacional a través de la televisión y del streaming
Uno de los elementos que han jugado a favor de las marcas en las últimas décadas han sido los deportes. El siglo XX ha sido el siglo de la popularización del deporte de masas, gracias a que los nuevos medios de comunicación hacían más posible que nunca que grandes masas de espectadores y seguidores se enterasen de lo que estaba ocurriendo con sus equipos favoritos y con sus deportistas de cabecera. Las noticias de deportes irrumpieron en todos los grandes medios y los consumidores empezaron a seguir casi con fervor religioso lo que ocurría con sus deportistas y equipos favoritos. Y cuando algo despierta tanta atención, las marcas acaban directamente en ‘el ajo’. Con la popularidad masiva de los deportes llegó también el uso de las marcas de los mismos.

Los patrocinios irrumpieron, los anuncios aparecieron por todas partes y las marcas empezaron a pagar abrumadoras cantidades de dinero para aparecer ligadas a los equipos y deportistas de éxito. Con el boom de la televisión, las cosas se hicieron además mucho más golosas, ya que las marcas no solo sabían que contarían con grandes momentos de atención sino que además eran conscientes de que las audiencias serían millonarias. Cada vez más y más personas se sentaban a ver en la tele los grandes eventos deportivos. Las finales de los grandes deportes y los eventos destacados (desde la final del Mundial de fútbol o la SuperBowl estadounidense) empezaron a lograr audiencias de impacto.

Pero ¿qué ocurre ahora que la televisión está empezando a hacer tanto daño a la televisión y a dinamitar y fragmentar sus audiencias? ¿Siguen siendo los deportes una gran apuesta a la hora de establecer cómo llegar a los consumidores de forma masiva? ¿O ha llegado el momento de buscar otra cosa? Ahora que los Juegos Olímpicos empiezan a apagarse y empieza el momento dorado de las siguientes grandes citas deportivas, como la Liga, la pregunta parece bastante pertinente. Un estudio de Euromonitor acaba de analizar a los fans de los deportes y como esa condición de fans del deporte influye en ellos como consumidores. De sus datos se pueden sacar unas cuantas conclusiones.

Los deportes son más populares que nunca

“El ser fan de los deportes es más popular que nunca, a medida que los deportes aumentan su alcance internacional a través de la televisión y del streaming”, apuntan en las conclusiones del estudio como punto de partida, antes de dar más datos. El reinado de los deportes no ha terminado y por tanto su peso no se ha diluido. De hecho, los cambios en el consumo de contenidos más que frenar su peso lo han empezado a hacer más creciente. Los consumidores acceden a la información deportiva de un modo diferente, pero siguen accediendo a ello y siguen siendo fans de los deportes.

El hecho de que los derechos de emisión se estén vendiendo de forma cada vez más global está haciendo que su alcance sea mayor y que los consumidores empiecen a interesarse más en más deportes. Es decir, la mayor oferta de contenidos está haciendo que haya un interés más amplio en los deportes.

Este interés creciente ha hecho que el mercado deportivo sea cada vez más valioso. Una estimación de AT Kearney apunta a que el valor del mercado deportivo mundial se habrá duplicado en 2017 frente a 2005. En 2013, movía 76.100 millones de dólares en tickets, derechos de emisión y patrocinios. Sumando todos los elementos derivados, como bienes deportivos, ropa o elementos de salud y fitness su valor estaba en 700.000 millones de dólares. Era más de lo que se había conseguido en 2005 pero menos de lo que se esperaba para 2017. Todo ello se había logrado, además, en medio de una brutal crisis económica.

El mayor mercado deportivo del mundo en ingresos asociados a eventos deportivos es Europa, lo que hace que el fútbol sea quien más dinero mueve (es el deporte con más peso dentro del continente).

Y se ven de forma más diversa que nunca

Pero no solo los deportes están viviendo una época dorada en interés, sino que además están viendo también cómo cambia el modo en el que se accede a ellos. Los consumidores ven las retransmisiones de forma cada vez más diversa. Ya no solo se ve en la tele, sino también en dispositivos conectados a la red y en formatos más y más diversos (desde el ordenador al smartphone pasando por el tablet) lo que hace que, por un lado, el espectador sea cada vez más multipantalla (tanto que no es ya tan raro el ver dos partidos al mismo tiempo en dos dispositivos distintos o el ver en uno y seguir la información paralela en otro) y que, por otro, los grandes poderes del deporte están jugando cada vez más con ello (la NFL estadounidense, por ejemplo, vende de forma separada los derechos de retransmisión de tele y streaming).

Las segundas pantallas se están consolidando de forma notoria. Según los datos del estudio, la mayor parte de los consumidores que las emplean las usan para seguir comentarios en directo de otros encuentros (por debajo del 45%), para hablar con sus amigos de deportes (por encima del 20%), ver breves vídeos o destacados sobre otros deportes (20%), ver otro partido (sobre el 17%) o actualizar en redes sociales sobre el juego que están viendo (un 14%). Pero este crecimiento de las segundas pantallas no solo está modificando lo que se hace durante el juego, sino también las pautas de consumo de los espectadores, tanto que los grandes clubs deportivos están empezando a jugar con ello. Algunos estadios, especialmente en las zonas VIP, están permitiendo ya hacer pedidos online de comida y bebida que son servidos en el asiento. De este modo, el consumidor no se mueve de donde está, pero a pesar de todo sigue consumiendo y los responsables maximizan beneficios.

El boom de las segundas pantallas y sobre todo el peso que están tomando las redes sociales en las emisiones deportivas y en los propios eventos también está cambiando las dinámicas de relación. Las marcas y los deportistas están jugando cada vez más y más con las redes sociales, que se han convertido no solo en una llave para el engagemet y la fortaleza de marca sino también para hacer negocios y para usarlo de plataforma para hacer patrocinios (un mensaje de Nadal sobre un reloj tuvo un impacto tan elevado que fue responsable del 78% de las ventas).

Los deportes modifican pautas de consumo en mercados secundarios

El peso de los deportes es cada vez más elevado y eso hace que la influencia que los mismos tienen alcance cada vez más elementos. De hecho, cada vez es más fuerte la relación entre el turismo y los grandes eventos deportivos, que han hecho que los flujos de visitantes aumenten de forma espectacular ligados a estas actividades. Brasil lleva viendo esta tendencia en los últimos años (no solo han sido el país olímpico, también tuvieron el Mundial hace unos años) y Polonia lo vivió también gracias al fútbol. Sin embargo, no basta solo con el evento deportivo, sino que hay que saber jugar con ello y hay que apuntalarlo. Reino Unido, por ejemplo, vivió crecimiento plano en turismo en el año de Londres 2012 en turismo internacional.

El impacto que los deportes pueden tener a la hora de apuntalar otros mercados puede verse no solo en las cifras generales del turismo sino también en las de mercados mucho más específicos como el caso de la llamada sharing economy, que ha visto como los grandes eventos deportivos ayudaron a los consumidores a familiarizarse con ella y a usarla cada vez más. Airbnb, por ejemplo, no solo ha crecido en Brasil sino que además ha logrado meterse en el discurso oficial (han cerrado un acuerdo para ofrecer alojamiento alternativo). Los expertos esperaban, antes de que arrancasen los juegos, que no solo Airbnb viviese un boom sino también las apps de transporte, comida o entretenimiento.

Nadie escribe, pero todos leen

POSTED ON agosto 22nd  - POSTED IN Sin categoría

Pocos consumidores dejan su opiniones, pero casi todos se fían de la de los demás
Los estudios han ido demostrando que cada vez dependemos más de estas opiniones y que cada vez confiamos más y más en ellos.
Una de las grandes obsesiones de las marcas es la de lograr que los consumidores dejen comentarios sobre los productos que compran o sobre las experiencias que han tenido en relación con la compañía. Este interés de las firmas en el comentario, en la opinión, tiene muchas explicaciones y se puede comprender partiendo de muchas cuestiones. Los consumidores valoran mucho, en general, las opiniones que los demás tienen de las cosas que consumen, tanto que ya toman sus decisiones de compra partiendo de ellas. ¿Quién no ha acabado por rechazar un hotel en una web de viajes porque las opiniones de los demás señalaban que la experiencia era muy mala y que el servicio resultaba muy deficiente?

Las redes sociales han hecho además que opinar sea mucho más fácil que nunca y que las opiniones se den mucho más por sentadas que nunca. La red ha creado herramientas que hacen que decir lo que se piensa sea mucho más fácil que nunca y que encontrar una opinión sobre un producto o un servicio también lo sea. Solo hay que conectarse a internet y opinar y solo hay que abrir la red social de turno para buscar datos y opiniones que otros consumidores tienen sobre lo que hemos consumido.

Las opiniones de los demás funcionan por un lado como social proof, lo que se conoce como huella social y haciendo que el consumidor sienta que está siendo legitimizado en su compra por lo que los demás opinan y hacen. Por otra parte, los comentarios son una fuente que se ve mucho más fiable y solvente para conocer y confiar en un producto.

Por ello, a los consumidores les encanta leer las opiniones de los demás. Los estudios han ido demostrando que cada vez dependemos más de estos mensajes y que cada vez confiamos más y más en ellos. Pero, a pesar de lo mucho que nos gustan las opiniones y a pesar de que se emplea los comentarios de los demás como guía antes de hacerse con un producto, a los consumidores no les gusta tanto escribir como leer. Como acaba de demostrar un estudio de AYTM Market Research, a la mayoría de los consumidores dejar un comentario no es algo que les salga de forma natural.

Traducido a datos y a porcentajes, la situación se ve mucho más clara y la relación entre unos elementos y otros de forma mucho más visible. Según las cifras del estudio, solo un 6% de los consumidores deja reviews de los productos o servicios que ha consumido. Este es el porcentaje que reconoce que lo hace siempre.

A ellos hay que sumar el 15% que dice que deja opiniones la mayor parte de las veces y el 24% que dice que lo hace la mitad de las veces, para encontrar que al final hay un 45% de consumidores que deja opiniones.

La cifra porcentual es más baja que los que casi nunca o nunca dejan opiniones sobre las cosas que consumen. Un 35% de los encuestados reconoce que casi nunca deja opiniones y un 20% que nunca lo hace. Sumados, son un 55% de consumidores muy poco inclinados a dejar por escrito sus opiniones.

Nadie escribe, pero todos leen

Y, frente a estos datos, la mayoría de los consumidores sí emplea los comentarios como guía de consumo y sí siguen sus recomendaciones a la hora de decidir qué es lo que quieren consumir. Partiendo de datos de la misma encuesta y por tanto de la misma masa de consumidores, es posible determinar que, aunque la gente no quiere escribir sus opiniones, sí quiere leer las de los demás.

De hecho, 7 de cada 10 consumidores comprueba los comentarios antes de comprar un producto de tecnología, un 46% lo hace en productos del hogar, un 40% comprueba lo que dicen los demás antes de ir a un restaurante o a un hotel y un 35% lo hace con ropa y accesorios.

Las opiniones son además muy importantes a la hora de comprar online, tanto que los consumidores las consideran un elemento indispensable. Un 20% siempre se fía de ellas y un 29,5% lo hace la mayoría de las veces (lo que deja prácticamente la mitad de los consumidores leyendo opiniones online cuando compran en ecommerce), cifras muy fuertes que superan ampliamente a quienes no tienen en cuenta para nada lo que opinan los demás. Solo un 10% apunta que nunca mira las opiniones online en ecommerce.
Fuente: Puromarketing.com

La burbuja de lo neurocientífico

POSTED ON agosto 16th  - POSTED IN Sin categoría

¿Deberían los marketeros poner a la neurociencia en cuarentena?

¿Cuál es la principal crítica que estos expertos hacen a la neurociencia?

Una de las palabras que más se repite últimamente en los estudios y en los análisis que buscan ayudar a los profesionales de marketing es la de neurociencia. La neurociencia, y mucho más de forma específica la neurociencia aplicada al marketing, el neuromarketing, se ha convertido en una especie de varita mágica, en un elemento que ha entrado rápidamente en la lista de favoritos y que se usa más y más para conectar con las audiencias.

El secreto del éxito de la neurociencia en el mundo del marketing no lo es tanto. ¿Por qué los marketeros se han convertido en entusiastas de esta herramienta y de sus aplicaciones? Por un lado, la ciencia siempre es una suerte de valor seguro, porque ofrece datos y guías que se da por hecho que son contrastadamente seguros. Es decir, todo aquello que tiene el sello de lo científico se ve como, en cierto modo, más fiable. Por otro lado, la neurociencia parte de un elemento que la hace aún más llamativa, ya que ayuda a comprender lo que ocurre en el cerebro del consumidor y, por tanto, a comprender mejor cuáles son sus intenciones y los elementos que impulsan sus decisiones de compra.

Pero ¿está empezando el universo del marketing a confiar demasiado en la neurociencia y deberían empezar a cuestionar lo que están haciendo? Cada vez hay más voces críticas con el neuromarketing, que invitan a reflexionar un poco más sobre el mismo y sobre su potencial.

Una de las últimas alertas ha llegado gracias a dos especialistas del Ehrenberg-Bass Institute, Rachel Kennedy y Haydn Northover, que han llegado a la conclusión de que los marketeros deberían estar más alerta y tener más cuidado antes de lanzarse en masa a usar los últimos descubrimientos y herramientas de la neurociencia en su trabajo en marketing. Y es que, como explican los expertos, aunque los sistemas de medición tradicional se han quedado ya en muchas ocasiones demasiado escasos, esto no implica necesariamente que la neurociencia se haya convertido en una especie de guía infalible que ocupe ese espacio. Los expertos reconocen que la neurociencia ofrece nuevas posibilidades, pero recuerdan que no por ello es ya ‘mano de santo’.

¿Cuál es la principal crítica que estos expertos hacen a la neurociencia?

La clave está en que por el momento no hay todavía una suerte de clave infalible para interpretar la información. Los datos tienen que ser interpretados, lo que hace que se introduzca un factor de riesgo, y las diferentes herramientas de análisis pueden dar, por tanto, resultados diferentes frente a una misma realidad.

No es la única crítica que apuntan. Igualmente, también recuerdan que el mundo del neuromarketing no es por el momento muy transparente, lo que hace que exista una cierta desinformación a la hora de analizar lo que hacen los diferentes proveedores.

La burbuja de lo neurocientífico

Sobre este último punto, lo cierto es que no se trata de la primera queja o crítica que se hace al emergente mundo del neuromarketing. Otro analista del sector apuntaba no hace mucho que el mercado se estaba llenando de herramientas que emplean la neurociencia como reclamo para posicionarse, pero cuya ciencia real es bastante cuestionable. El mercado está entregado a una suerte de ‘neuromanía’, apuntaba, lo que ha empujado a la neurociencia a la trivialización y a que no solo se use para analizar cualquier cosa y casi de cualquier modo sino que además se use para vender prácticamente todo.

De hecho, el peso que tiene esta ‘neuromanía’ es ya tan elevado que el discurso de lo neuro ya ha entrado en los medios de masas y en los recursos que las marcas emplean para conectar directamente con los consumidores. Es decir, ya no se trata solo de lo que importa a la hora de hacer su propio trabajo, sino que se ha convertido en un elemento más de comunicación con el que se quiere reforzar cierto valor de marca. Lo neurocientífico sirve tanto para vender juegos de ‘entrenamiento cerebral’ como para convencer de las bondades de un coche (‘neurotonterías’ hay ya quien lo llama), en anuncios con mensajes más que cuestionables.

Y mientras todo esto sucede se suceden cada vez más las declaraciones extravagantes y las promesas casi increíbles que hacen los que se quieren convertir en los gurús del mercado (por la vía del vendehúmos). “En los últimos años, ha sido el Salvaje Oeste del neuromarketing con ‘neuro-cowboys’ haciendo declaraciones extravagantes”, acusaba en un análisis Michelle Murphy Niedziela, directora científica en HCD Research.

No todo está perdido

Por ello, cada vez existen más voces críticas con el neuromarketing y, sobre todo, con el hecho de que se haya convertido en una suerte de dogma de fe que casi resulta incuestionable. Un estudio sueco apuntaba que entre los resultados obtenidos usando este tipo de tecnología se producían un 70% de falsos positivos. ¿Es esto un dato más para pinchar la que muchos ya ven como la burbuja de la neurociencia?

Al tiempo que los expertos critican el boom del neuromarketing y el hecho de que de que cada vez se hable más de ello y de forma cada vez más fanática, también recuerdan que la herramienta tiene mucho potencial y que puede servir para alcanzar conclusiones muy importantes e interesantes sobre lo que está ocurriendo en el mercado. La clave está, se podría decir, en cómo se hacen esas cosas y en qué se está haciendo para lograr ser más eficiente y efectivo a la hora de alcanzar conclusiones.

A medida que la industria se convierta en más transparente y a medida que se avance hacia los estándares se lograrán mejores resultados. Y, sobre todo, lo más importante es el tener una visión crítica de este mundillo. Es decir, las marcas y sus responsables no deben aceptar cualquier cosa bajo la promesa de la neurociencia y del neuromarketing y tienen que esforzarse cada vez más para ser capaces de separar el grano de la paja.
Fuente: PuroMarketing.com

El teléfono ha dejado de ser el único elemento disponible para conectar con las marcas

POSTED ON agosto 12th  - POSTED IN Sin categoría

El teléfono ya no funciona como canal de atención al cliente
Solo el 12% de los consumidores lo prefiere ante otros canales de contacto con la empresa

Durante años, uno de los elementos más habituales en la atención al cliente, uno de los canales que las marcas empleaban en mayor grado para conectar con el consumidor y para permitirle tener una vía directa de conexión con la compañía, era el teléfono. Las marcas hacían campañas de llamadas telefónicas en las que ofrecían productos y servicios a sus consumidores empleando esta herramienta y los consumidores tenían siempre el teléfono disponible para conectar con las marcas cuando estos necesitaban hacerlo.
Pero durante todo este tiempo la atención al cliente por vía telefónica también se fue creando otra fama y se fueron asentando ciertas ideas entre los consumidores sobre lo que implicaba este punto de contacto y sobre lo que las marcas hacían en el mismo.
Así, los consumidores acabaron convirtiéndose en muy críticos ante esas llamadas que recibían de las marcas a horas intempestivas para venderles un producto u otro y el teléfono pasó de ser un auxiliar a la hora de hacer marketing a ser un elemento que no siempre daba los resultados esperados. No hay más que ver, por ejemplo, lo que los consumidores sienten sobre las compañías de telecomunicaciones: sus sentimientos hacia las mismas no son muy positivos y uno de los elementos que hacen que se sientan bastante incómodos con ellas es el hecho de que sus comerciales se han pasado años llamando a cualquier hora para vender una mejor línea.
Además, el teléfono ha dejado de ser el único elemento disponible para conectar con las marcas, al tiempo que han cambiado las costumbres de los consumidores y sus necesidades. Al fin y al cabo, se ha producido una revolución digital en el consumo, en las relaciones entre marcas y clientes y en la atención al cliente. El consumidor es ahora un consumidor omnicanal, que ya no limita sus interacciones con la marca a lo que ocurre en un espacio o en una vía de comunicación. Quiere usar todos los canales posibles para conectar con ellos y quiere además que las cosas estén siempre en los mismos niveles y estados en todos ellos (es decir, que poco importe que el proceso se haya comenzado en el teléfono o en un chat, quiere poder seguirlo allá donde vaya).
Y en este torbellino de cambios el teléfono no es el que sale mejor parado. Lo cierto es que los consumidores son cada vez más reticentes a la atención al cliente telefónica. Así lo señala en sus conclusiones un estudio de Magnetic North, que apunta que los negocios necesitan reinventar el cómo hacen atención al cliente ya que las viejas fórmulas y las viejas tácticas han dejado de funcionar.
Los consumidores ya no quieren saber nada del teléfono
En general, los consumidores ya no quieren saber nada del teléfono. Según los datos del estudio, y tomando una amplia muestra de consumidores en términos demográficos (la horquilla va de los 16 a los 55 años), solo el 12% de los clientes prefiere sobre todas las formas de contacto con las marcas el hablar por teléfono. Llevándolo a cifras más claras, significa que solo 1 de cada 10 consumidores quiere, por encima de todas las cosas, hablar por teléfono con la marca.
La cifra es incluso más baja cuando se analiza lo que ocurre con grupos demográficos más concretos. Entre los jóvenes de 16 a 24 años, solo el 7% llamaría a un negocio o a una marca para solucionar un problema o hacer una gestión. Para ellos, formatos electrónicos, como mails, mensajes de texto, redes sociales y mensajería instantánea son canales mucho más cómodos (y preferidos) antes que la vieja llamada telefónica.
Todo esto hace que, como explican los responsables del estudio a BizReport, la vieja novela de “responde rápido y despáchalo rápido” ya no sea suficiente. Las marcas tienen que ser capaces de jugar ahora con nuevas bazas y tienen que usar las nuevas tecnologías para dar un servicio más personalizado y más específico, más eficiente. “Estamos rompiendo el viejo libro de normas y escribiendo uno nuevo”, añaden.
Fuente: PuroMarketing.com

El poder del color para establecer conexiones emocionales con las marcas

POSTED ON agosto 10th  - POSTED IN Sin categoría

Los estudios han ido demostrando a lo largo de los años que la relación entre los consumidores y los productos que compran es mucho más compleja de lo que puede parecer y está marcada por muchos más elementos irracionales de los que, a primera vista, se pueda imaginar. Comprar es algo que los consumidores hacen por muchas y muy variadas razones y muchas de esas razones detrás de las decisiones de compra están muy relacionadas con elementos que se escapan de lo que podemos realmente procesar. Es decir, a pesar de que racionalicemos por qué nos hacemos con un producto, en realidad, lo estamos comprando por razones que van mucho más allá de lo racional. Es un impulso, un elemento subjetivo, una cuestión ampliamente emocional.

Y, para establecer esos vínculos emocionales con los productos y con los elementos que los conforman y los caracterizan, entran en juego, en realidad, muchas cuestiones y muchos elementos y uno de ellos, uno que los estudios de neurociencia y de psicología han ido demostrando que son cada vez más importantes, son los colores. Los colores son un elemento crucial porque tienen un impacto directo en la percepción emocional que tenemos de las cosas y, por tanto, en los vínculos emocionales que se establecen con marcas y con productos.

El poder de los colores a la hora de establecer vínculos emocionales con las cosas es muy fuerte, tanto que pueden hacer que se cambie el modo en el que se procesan significados e informaciones para hacer que se vean de un modo completamente distinto. Un claro ejemplo de esta realidad es el modo en el que los colores hacen que se vea de un modo completamente diferente información totalmente racional. Es decir, los receptores ven información estadística de un modo diferente según el color que se emplea para mostrar esos datos.

Así lo demostró un estudio realizado por investigadores de la canadiense Simon Fraser University. Los investigadores analizaron cómo reaccionaban los receptores ante gráficas de información según los colores que se usaban en las gráficas. Ciertos colores se emplean para generar ciertos sentimientos. Los colores oscuros se asocian a datos negativos y los colores más animados para informaciones más divertidas. De este modo, según el modo en el que la gráfica se presenta, la información se procesa a un nivel subconsciente de forma completamente diferente. Por ello, a la hora de demostrar un argumento, hay que escoger un color frente a otro si lo que se quiere es destacar un punto de posicionamiento frente a otro.

El poder del color para reforzar ideas

Que esto ocurra con las gráficas de información y con las estadísticas no es un punto más para demostrar a las marcas la importancia de saber escoger los colores. Los colores ayudan a establecer mensajes e ideas sin que haya que desarrollarlas.

Cruzar un color adecuado con un packaging efectivo, por ejemplo, ayuda a las marcas a hacer que destaquen ciertas características de sus productos frente a otras. El significado de los colores es de hecho variado. El rojo transmite emociones de aventura y peligro, el rosa emociones de delicadeza y romanticismo, el amarillo felicidad y calidez, el naranja alegría y juventud y el verde valores asociados a la naturaleza. Usando el color más adecuado, se reforzará el potencial mensaje a lanzar y se creará un vínculo emocional mucho más fuerte entre el producto y el consumidor.

Los colores ayudan a potenciar las características destacables del producto y son un elemento que enfatiza aquellas cuestiones más específicas, más destacas. Son lo que hace que se hable de eso que se quiere hablar sin tener que decirlo con palabras.

El color afecta al ánimo del consumidor

Pero el efecto que el color tiene sobre las emociones del consumidor no se limita únicamente a los vínculos emocionales que se establecen entre el producto y el comprador potencial, sino que también van mucho más allá.

Los colores nos afectan de un modo mucho más amplio y mucho más complejo y tienen un efecto directo sobre el estado de ánimo y las emociones que se sienten, lo que explica que, por ejemplo, ciertas tiendas y ciertos espacios usen ciertas paletas de colores. De hecho, hay quienes ya están empleando ciertos colores en los hospitales para hacer que los enfermos estén mucho más felices y por tanto sean mucho más positivos.

Los estudios han demostrado que el color tiene una poderosa influencia en las emociones, el estado de ánimo y el estado mental. Los colores impactan en nuestros sentimientos y ayudan a sentirse mejor (o peor, todo depende del color que se esté percibiendo). Además, el color y las emociones es un lenguaje que interiorizamos muy rápido. Los niños de preescolar ya son capaces de asociar ciertos colores a ciertas emociones.
Fuente: Puromarketing.com

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