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Google sabe todo lo que compras y no lo olvida

POSTED ON julio 10th  - POSTED IN Sin categoría

Gracias a Gmail, acumula un listado de todas las compras que sus usuarios han hecho a lo largo de los años

Una de las lecciones de vida que hemos tenido que aprender como consumidores / internautas en los últimos años es que las grandes de la red saben muchas cosas sobre nosotros y que, además, escapar a ellas y a sus servicios resulta muy complicado, cuando no imposible. Los gigantes de la red están por todas partes, son responsables de muchísimos servicios y tienen el control de muchas cosas y de muchos elementos que son clave para nuestro día a día. De vez en cuando, algún periodista hace algún artículo llamativo y viral sobre el día en el que decidió abandonar Google o Facebook y todos los servicios asociados, que suele concluir con un mensaje sobre lo difícil que es tener que sobrevivir en ese entorno.

Pero además ya no se trata solo de que los servicios de los gigantes de la red estén muy presentes en nuestro día a día y que su presencia se haga recurrente en lo que los consumidores hacen, sino que además, incluso cuando se hace de forma activa, dejarlos y evitar que ellos accedan a nuestra información parece casi imposible. Es como si estos servicios se convirtiesen en una especie de elemento a perpetuidad al que parece imposible escatimar datos e información.

Y el último servicio sobre el que se ha desvelado una situación de estas es Gmail, el servicio de correo electrónico de Google. Puede que el consumidor elimine correos y puede que quiera hacer que el servicio deje de saber qué compra, pero una vez que Gmail tiene esos datos es imposible hacer que los ‘suelte’.

¿Qué es exactamente lo que acaba de demostrar la prensa estadounidense? Como acaba de demostrar una investigación de la CNBC, Google sigue manteniendo una lista de lo que has comprado – siempre que esas confirmaciones de compra lleguen a Gmail, claro – incluso si el consumidor borra los mails vinculados a la compra. De hecho, cualquiera puede ver todo lo que ha comprado y todo lo que Google sabe que has adquirido. La información está en una sección específica de compras dentro de la cuenta de Google, en la que los pedidos están ubicados por mes de compra e incluyen la información sobre estado de la compra.

Lo que sabe Google Purchases

En teoría, en ese listado aparecen todas las compras que se han realizado vinculadas a Gmail, aunque – viendo el histórico personal de compras – resulta llamativo que queden fuera muchas compras (como por ejemplo las reservas de hoteles o de billetes de avión, la compra del supermercado online o las compras a servicios como Just Eat). Mi listado personal, básicamente, se compone de las compras que hice en Amazon y en Iberlibro. Esto no es lo que le ocurre sin embargo al periodista de la CNBC que ha hecho el seguimiento de este tema, en el que aparecen también pedidos de comida o recargas de la tarjeta de compra de Starbucks (¿será quizás que al sistema le resulta más fácil hacer el seguimiento de compras en inglés?).

Toda esta información ayuda a crear un perfil claro de lo que interesa y lo que no al consumidor (especialmente si se tiene en cuenta que es información de muchos servicios de ecommerce y no solo de uno específico), aunque cuando el periodista de la CNBC detectó su existencia Google ya le dejó claro que no usaban la información que acumulaban en esos listados para servir publicidad. Simplemente, servía para poder tener claras todas las compras realizadas (y funcionaba como base para poder emplearlo en Google Assistant). Entonces, desde Google también le señalaban que esa información podía ser borrada por el consumidor.

Pero ¿puede borrarse esa información? Según la última entrega de la investigación de la CNBC, no.

Puedes borrarlo todo, que Google lo sigue sabiendo
El periodista decidió borrar todos los emails que había recibido en su perfil de Gmail. Esto es, vació por completo su cuenta tras una década de uso. Con ello quería comprobar si Google dejaba de tener constancia de lo que había comprado y lo que no y si esos datos se borraban como Google prometía. Tras el borrado, dejó pasar tres semanas antes de ir a comprobar la pestaña vinculada a compras de su cuenta personal de Google.

A pesar de todo, ahí seguían los datos de todas las compras que había realizado a lo largo de todos estos años y de los que Google sabía gracias a los datos de confirmación que llegaban a Gmail. En el listado estaban desde las compras más recientes realizadas a aquellas que el periodista ya había olvidado por haberlas hecho tiempo atrás.

Tras contactar de nuevo con Google, un portavoz recibió la información e insistió en que no la usaban para segmentar publicidad. «Apreciamos el aviso sobre el funcionamiento de Google Purschases y estamos investigándolo», señalaban. «Como recordatorio, la página de compras es una manera de ver tus compras: no usamos ninguna información de tus mensajes de Gmail para servir anuncios y eso incluyen los recibos por email y las confirmaciones que se muestran en la página de Purchases», le señalaban.
Fuente: Puromarketing.com

Fiebre instagramable: Por qué los productos se diseñan pensando en lo que hará que los consumidores los suban a Instagram

POSTED ON julio 5th  - POSTED IN Sin categoría

Pantone abre, por ejemplo, un café pop-up en que las bebidas son de sus colores del verano

El verano pasado, una de las grandes atracciones turísticas que esgrimía la ciudad de Lisboa (uno, por otra parte, de esos destinos de moda) era la de un museo que básicamente solo resultaba relevante para hacerse fotos. Se llamaba Sweet Art Museum, era una experiencia pop up y lo único que tenía de atractivo era que sus escenarios eran visuales y atractivos, material para hacer fotos perfectas para Instagram. El museo cerró cuando terminó el período en el que iba a estar abierto en la ciudad y sus responsables adelantaron que lo llevarían a otros lugares (ahora está en Brasil). Por supuesto, para entrar en el museo y poder hacerse esas fotos había que pagar. Cada entrada costaba 20 euros por adulto.

La historia del museo es una de esas curiosidades llamativas y uno de esos elementos que muestran cómo las redes sociales se han ‘adueñado’ de la vida de los consumidores, que ya no ven las cosas del mismo modo y que ya han interiorizado el poder del ‘momento foto’. Lo importante empieza a ser el modo en el que las cosas ‘quedan’ en las imágenes.

El poder de la fotografía empieza a ser abrumador y las decisiones de compra y de consumo ya no están solo marcadas por el propio producto sino también por su imagen física. Ciertas cosas funcionan mejor simple y llanamente porque sentimos que encajan mucho mejor que otras en la imagen que se busca transmitir en nuestros perfiles de redes sociales.

Por ejemplo, uno de los productos de pastelería que triunfa de forma abrumadora en Instagram son los macarons, los dulces franceses. Lo hacen no solo por lo que está asociado a ellos (que son sofisticados y llamativos) sino también porque los consumidores los consideran visualmente atractivos. Los macarons, redondos, de colores y que permiten hacer muchas composiciones, son bonitos. Resultan en la foto. Y así se han convertido en un elemento de éxito.

Por supuesto, muchos de estos triunfos se logran de forma orgánica. Los macarons son parte de la pastelería tradicional francesa y nadie los diseñó al milímetro para que ‘quedasen’ bien en la foto. En otras ocasiones, sin embargo, la realidad del producto y su impacto visual tiene detrás mucha decisión de negocio.

Los cafés que nacen para Instagram

El Pantone Color Institute va a abrir una especie de café en Nueva York, en colaboración con LG. Todo está pensado para que los consumidores lleguen, compren un café y hagan la foto, como explican en Bloomberg. No solo es una experiencia limitada en el tiempo, sino que además es algo que ha medido muy bien el impacto visual de lo que presentan.

El café busca destacar aquellos colores que Pantone ha destacado como los colores del verano. Los café serán de ese color: habrá café rosa pavo real o dorado de Aspen, que además estarán acompañadas de pasteles que, por supuesto, ha diseñado una pastelera ultra Instagram-friendly, Amirah Kassem. Casi se puede sentir que poco importa a qué sepa todo eso: el café será una ‘oportunidad Instagram’, una vía simplemente para encontrar productos vistosos que funcionarán en la red social. Si los consumidores compran esos cafés, será porque quieren hacer la foto.

Y no, no es una estrategia tan nueva. Starbucks ya lo estaba haciendo en 2017, cuando lanzó su Unicorn Frappuccino. Aquel producto era colorista y llamativo y si funcionaba era porque daba material para hacer fotografías impactantes. Como señalaban en Business Insider cuando se pasó el ‘momento’ del frapuccino, su lanzamiento había simplemente demostrado que Starbucks había comprendido cómo funcionaban las redes sociales y qué buscaban los consumidores para subir mensajes vinculados a marcas a ellas. Starbucks había sacado de todo ello un pico de menciones en redes sociales y, de paso, una cobertura mediática gratuita.

Incluso, a veces, Instagram puede convertir a un producto del montón en un bombazo. Fue lo que ocurrió con un sándwich de ensalada de huevo que fue el bombazo foodie del año pasado. Todo empezó con un café en EEUU, cuyos responsables no tenían muy claro si debían incluirlo o no en su oferta (en el fondo es un plato simple y no tan emocionante). Sin embargo, lo hicieron y triunfaron. Compartir la foto del sándwich se convirtió en un ritual en Instagram. Triunfó, como apuntaban en un análisis de un medio estadounidense, porque lo japonés está de moda (y es una obsesión especial del universo foodie) y porque, básicamente, daba unas fotos muy bonitas.

Diseño a medida

La industria de la alimentación es una de las que parece tener ya muy claro cómo funcionan las cosas, pero no es la única. El efecto ‘diseñar para Instagram’ está llegando a muchos más mercados y a muchos más terrenos.
Algunos hoteles tienen ya libros de estilo en los que definen qué hacer y qué no para lograr un mayor impacto en las redes sociales vía sus consumidores y las empresas del mundo de la moda empiezan a diseñar sus zapatillas con Instagram en mente, porque han descubierto que publicar fotos de las propias zapatillas es algo que suelen hacer sus consumidores nicho.
Incluso, las cubiertas de los libros han empezado a cambiar, ajustándose al tipo de imágenes que saben que los consumidores compartirán en Instagram, aunque obligue a cambiar algunos principios recurrentes del diseño en la industria.
Fuente: Puromarketing.com

Marketing, psicología y trucos de diseño: así logran las páginas de ecommerce que se compre más

POSTED ON julio 3rd  - POSTED IN Sin categoría

Las tiendas online crean falsas sensaciones para hacer que los consumidores compren más

Los consumidores tienen muy claro que los supermercados tienen una larga lista de trucos y de acciones para hacer que, en realidad, acabemos comprando mucho más de lo que esperábamos comprar cuando entramos allí. Los medios de comunicación generalista ya se han encargado de hacer visible esta situación con una colección de artículos y de reportajes en los que popularizaban estas prácticas. Que si los carritos son demasiado grandes, que si los circuitos que seguimos para pasear por los pasillos nos llevan por donde saldrá más rentable, que si los colores y los olores refuerzan nuestro interés por ciertos productos? Al final, gracias a una eficiente estrategia de marketing, al buen uso de los conocimientos de psicología y a los trucos de diseño los supermercados logran atraparnos como consumidores.

Pero lo cierto es que, aunque los supermercados son los que suelen protagonizar este tipo de artículos en la prensa generalista, el echar mano de un mix de marketing, psicología y trucos de diseño para intentar vender más no se limita a este entorno. Las marcas y las empresas intentan posicionarse echando mano de todos ellos en muchos más terrenos y en muchas más áreas, porque lo importante es conectar – casi sea como sea – con el consumidor y vender lo suficiente. También lo hace el comercio electrónico.

Lo hace además de una forma que casi se podría llamar intensiva. El ecommerce emplea lo que se conocen como dark patterns, técnicas que hacen que los consumidores acaben comprando más o que acaben dando más datos y más información a la empresa con la que están interactuando. Es el equivalente a hacer que la tienda huela a pan o a usar colores frescos en la sección de fruta y verdura. Según acaba de demostrar un estudio de la Universidad de Princeton, este tipo de acciones son muy habituales.

¿Qué son exactamente las dark patterns? Como explican en FastCompany, son aquellas interfaces que o bien son en cierto modo engañosas o que directamente están manipulando las emociones y las percepciones del consumidor. Están abrumadoramente presentes en las tiendas online. Los investigadores de la Universidad de Princeton crearon un bot que simulaba ser un consumidor navegando por una tienda online y que les permitió recopilar datos de lo que se encuentran los consumidores.

De 11.000 webs analizadas, en 1.267 se encontraron con este tipo de mensajes. Estas tácticas las usaban desde los gigantes del ecommerce (el estudio es estadounidense, así que habría que poner aquí a compañías como Walmart) a pequeñas tiendas online.

Qué son las dark patterns

Por poner un ejemplo, un tipo de dark patterns es el pop up que ofrece un descuento o algún elemento y que tiene un mensaje muy negativo cuando se intenta cerrarlo. El ejemplo que ofrecían era el de una tienda online que ofrecía un descuento del 15% si se hacía clic en el pop up con un vistoso botón rojo y el mensaje «¡sí! quiero el descuento». La alternativa al descuento era un mensaje que ponía «no gracias, me gusta el precio completo». Es lo que los investigadores llaman confirm-shaming, que se podría traducir como avergonzar vía confirmación.

Los investigadores identificaron en total 15 tácticas de dark pattern con las que las tiendas online intentan manipular a sus consumidores y posicionarse con más ventas. Están también, por ejemplo, el ‘sneaking’, que retrasa cierta información o que mal interpreta (a posta, claro) sus acciones.

Es por ejemplo lo que ocurre cuando suman cosas al carro de compra sin que se pidan (y que el consumidor tiene que quitar antes de pagar) o el no saber ciertos costes hasta el momento final. No son las únicas tácticas. Las tiendas online también generan sensación de urgencia, de que las cosas son más escasas de lo que en realidad son o el forzar al usuario a hacer algo concreto para comprar (esas páginas en las que no puedes comprar si no te registras).
Fuente: Puromarketing.com

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