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El auto conectado: la nueva fuente de datos que las marcas usarán para conocer al usuario

POSTED ON febrero 28th  - POSTED IN Sin categoría

La lista de cosas que se están convirtiendo en inteligentes es cada vez mayor. En los últimos años, la tecnología ha dotado de nuevas capacidades a cada vez más elementos y a cada vez más herramientas de nuestra vida cotidiana. Si hace unos años se hablaba de la hipotética nevera que se iba a encargar de hacernos la lista de la compra y de avisarnos cuando nos estuviésemos quedando sin ciertas cosas y de otros ejemplos llamativos y vistosos, ahora en realidad ya podemos hablar de cosas concretas y de servicios específicos en un mundo en el que todo está conectado. Y en esa lista de cosas conectadas también empiezan a estarlo los autos, lo que los convierte en un nuevo y potencial escenario para servir publicidad o, al menos, para conocer mucho mejor a los consumidores y ser mucho más eficientes en la relación que se establece con ellos.

“Tus hábitos de conducción, tu localización, tiene un valor monetario, como ocurre con tu historial de búsqueda”, apunta a Bloomberg un analista especializado. El auto es el nuevo campo de batalla potencial para la industria de la publicidad y el marketing y para el aprovechamiento de la información sobre los consumidores.

Lo cierto es que, como recuerdan en el medio estadounidense, los autos llevan ya décadas acumulando información. Los fabricantes de vehículos ya habían empezado a instalar sensores para capturar datos relacionados con la conducción, aunque el para lo que los utilizaban era un poco diferente. Las cosas han cambiado por dos razones básicas. Por un lado, cada vez hay más sensores y por tanto cada vez hay más vehículos recuperando y acumulando información. Por otro lado, el potencial de esos datos se ha convertido en algo mayor. Ya no se trata solo de información interna o relevante para los fabricantes, sino que se puede convertir en un nuevo elemento con el que hacer caja si se logra hacer que sea atractiva y útil para los anunciantes.
El futuro podría convertirse por tanto en un espacio en el que el auto fuese un poco como nuestro ordenador, en el que mientras navegamos vamos recibiendo información promocional. Mientras se conduce, por ejemplo, el auto puede hacer sugerencias como ofertas en la pizzería de la esquina o recomendaciones de consumo. Serán, por supuesto, mensajes patrocinados.

La idea va además muy en línea con otra gran tendencia que se está ya viendo en el mundo de los vehículos y es el de establecer el potencial que podrán tener las pantallas interiores de los vehículos (a lo que se suma ya también el parabrisas) como soportes para los mensajes publicitarios. Todas estas pantallas podrían servir para emitir más anuncios.

Otros usos de los datos

A eso se suma que los datos no solo pueden servir para lanzar ofertas y anuncios relacionados, sino también como una llave para comprender mucho mejor a los consumidores. Los bancos y la industria de la finanza son uno de esos nichos que están interesados en hacerse con esos datos para poder cruzarlos con su información y descubrir mejor cómo son sus consumidores. El potencial de estos datos es abrumador (y un tanto inquietante).
Los ejemplos que manejan en el análisis así lo muestran. Los bancos podrían usar la información para determinar si has dejado de ir en auto al trabajo y establecer si has perdido seguridad financiera y los analistas podrían usar la información para establecer si estás yendo o no mucho a los centros comerciales y extrapolarlo a sentimiento de consumo (algo que ahora hacen recurriendo a las fotos satélite).

Pero, por supuesto, conseguir todos estos datos tiene su cara compleja también, ya que supone tener que afrontar nuevos controles en lo que a privacidad se refiere. Por un lado tendrán que enfrentarse al escrutinio de las autoridades y por otro a las cuestiones de los consumidores. Los fabricantes de vehículos ya están dejando claro que los consumidores podrán optar por no dar sus datos en absoluto, pero a pesar de ello tendrán que convencerlos de que las contrapartidas por usar esta información para fines comerciales serán lo suficientemente atractivas como para que les compense.
Fuente: PuroMarketing.com

Cómo la felicidad y el optimismo general nos lleva a comprar y gastar más

POSTED ON febrero 23rd  - POSTED IN Sin categoría

Cuando estamos tristes compramos más, ya que la compras se ven como una suerte de ‘terapia’. Al menos eso es lo que nos dice la cultura popular y lo que se puede ver en tantas series y películas en las que sus protagonistas se van de compras tras un momento malo para sentirse mejor y lo que han demostrado algunos estudios y algunos analistas. Pero, a pesar de ello, no habría que establecer un único vínculo directo entre estar triste y comprar, porque en realidad también el estar felices tiene un efecto directo sobre ello. Cuando estamos contentos, también compramos más.

La cuestión es que el nivel al que se gestionan esas emociones es diferente. Cuando compramos más porque estamos tristes, lo hacemos porque estamos tristes nosotros. Es el sentimiento personal el que nos hace dedicarnos a comprar. Pero cuando el sentimiento es generalizado y afecta a la población de forma completa, son las emociones positivas las que nos llevan a gastar más.

De entrada, los estudios demuestran que, cuando nos sentimos relajados, estamos dispuestos incluso a pagar más por las cosas. Un estudio que estudió cómo consumían los participantes tras haber estado expuestos a técnicas de relajación llegó a esa conclusión. Los participantes estaban dispuestos a pagar un 12% más.

Y cuando nuestro entorno es más optimista y positivo posiblemente nos sintamos mucho más relajados. Aun así, sí es fácil ver un paralelismo entre optimismo en la sociedad e intención de compra. De hecho, no hay más que mirar lo que ocurrió con los hábitos de gasto y consumo durante la crisis económica. En los momentos más duros de la crisis, cuando el sentimiento generalizado era negativo y los consumidores estaban en un momento de pesimismo general, la intención de consumo cayó de forma general.

Lo que muestran los números

De hecho, los datos del consumo en los años duros de la crisis económica en España mostraban justo ese retroceso. Entre 2007 y 2014 el gasto en los hogares españoles cayó en un 8,6%, con caídas por encima de la media en comunidades como Baleares (-16%), Canarias (-15%) o Murcia (otro -15%).Otra estadística apuntaba que entre el primer trimestre de 2008, justo antes del estallido de la crisis, y el primer trimestre de 013, el punto más bajo, el consumo privado había retrocedido en un 12,6%.

La crisis había complicado la situación económica de los consumidores, lo que llevaba a obviamente no gastar, pero también había creado un clima de preocupación, pesimismo y nerviosismo, lo que hacía que se tuviese mucho más cuidado con cómo se gastaba y en qué se gastaba. En cuanto la crisis empezó a ser menos grave y a mostrar signos de recuperación, los consumidores afrontaron las cosas de un modo más optimista y acabaron comprando más.
Solo hay que ver uno de los últimos barómetros del Observatorio Cetelem sobre consumo en Navidad: desde 2014 el gasto ha crecido en un 15% y en la última campaña un 57,4% de los españoles señaló que su presupuesto iba a ser mayor que en el año precedente.

Pero no solo hay que quedarse con los datos de la crisis y su efecto en el gasto para verlo: los países felices gastan mucho más. Dinamarca, que se ha encaramado entre los países más felices del mundo en los rankings de la ONU, va a gastar este año más que lo ha hecho en una década. Los daneses se sienten más felices que nunca, lo que hace que sean más optimistas y lo que empuja a que gasten más. De hecho, los economistas ya empiezan a hablar de una ‘carrera de gasto’.

Lo que marcas y empresas pueden aprender de cómo las Apps nos mantienen enganchados

POSTED ON febrero 19th  - POSTED IN Sin categoría

Nuestros móviles se han convertido en un elemento que nos mantiene atrapados y que logra que le dediquemos tiempo y más tiempo a lo que ocurre en sus pantallas. Y no hay más que ver los titulares de muchas noticias y pararse a escuchar los comentarios que hacen no pocas personas para descubrir que en cierto modo se cree que nos estamos enganchando a nuestros smartphones. Somos adictos a la pantalla de nuestros móviles, o eso estamos creyendo cada vez más.

Como explica un experto a Business Insider, todo el tiempo que dedicamos a nuestros smartphones no implica, necesariamente, que nos estemos convirtiendo en adictos a nuestros móviles. Simplemente, estamos cambiando de hábitos. El móvil es una manera de ‘perder el tiempo’ y lo que ha cambiado ahora no es tanto que perdamos más el tiempo sino que ahora lo hacemos con el móvil y no con otras cosas. Se trata de un tiempo desplazado. Hemos reducido nuestro tiempo en otros espacios y en otros contenidos para dedicarlo a nuestros terminales móviles. “Creo que lo que está pasando es que la gente está pasando mucho tiempo del que habrían pasado en la tele a sus teléfonos”, explica el medio Jonathan Kay, chief operating officer en Apptopia. “No se trata de tiempo añadido, es tiempo desplazado de un medio a otro”.

Pero que el móvil suponga tiempo robado a otras cosas y no tiempo nuevo perdido no implica que el móvil no suponga cambios en el consumo de contenidos y que los responsables de las apps más de moda no hayan hecho un trabajo muy bueno a la hora de capturar la atención de los consumidores, porque en realidad ambas cosas son también ciertas.

De entrada, el móvil está canibalizando el tiempo que antes perdíamos con otras cosas y, para continuar, lo está haciendo con contenidos en los que tenemos mucho más poder. A diferencia de los medios tradicionales, como podría ser la tele, donde no tenemos más remedio que escoger entre lo que ofrecen, en el móvil hemos sido nosotros quienes hemos escogido la base de los contenidos que tenemos disponibles. Esto hace que el móvil resulte mucho más atractivo.

Pero el móvil y sus contenidos no solo resultan atractivos para el consumidor porque haya sido él quien haya sentado las bases de lo que va a encontrar en la pantalla de su móvil, sino también porque los principales jugadores del mercado son muy hábiles a la hora de posicionar sus contenidos y de llegar a los internautas. Las apps que tienen más éxito, como es el caso de las redes sociales, tienen múltiples artimañas para capturar la atención del usuario y para mantenerlo atrapado. Usan colores que destacan cosas o nos hacen esperar de forma recurrente ciertas recompensas, como apuntan en el análisis de Business Insider en el que han analizado cómo logran mantener nuestra atención y del que se pueden aprender unas cuantas cosas para la estrategia general de marcas y empresas en dispositivos móviles.

Los trucos que siguen todas estas apps están basados en elementos psicológicos que juegan con el contenido. Los contenidos se convierten en la llave para conectar con el internauta y para posicionarse mucho mejor a la hora de llegar hasta ellos y recordarles que tienen que acceder.
El poder de la notificación push
Es lo que ocurre con Instagram. La red social de fotografía emplea las notificaciones push (manda docenas a la semana, como recuerdan en el análisis) para hacer que el usuario entre una y otra vez. Con esto completa los puntos adictivos que ya tiene la app de por sí (como es el hecho de que su base de actividad está en algo que es casi un hábito – como es el caso de hacer fotos – y que tiene una recompensa inmediata, la de los filtros). La app notifica, a menos que se ajusten las condiciones que vienen de fábrica, de prácticamente todo lo que pasa en el perfil del usuario, haciendo que este tenga muchísimas excusas para volver a entrar e Instagram para capturar su atención de nuevo.

El truco de la máquina tragaperras

¿Por qué atraen las máquinas tragaperras y por qué se prueba la suerte una y otra vez? La clave está en que nunca se sabe cuándo va a salir el premio y siempre esperamos que vaya a aparecer algo en algún momento. Es la misma filosofía que emplean algunas apps, como la de Twitter. Cuando se actualiza el feed, no se sabe qué va a aparecer y mientras se ve la rueda que muestra que se está cargando el nuevo contenido las expectativas del cerebro son las mismas que en el juego. 

¿Estará esperando una gran noticia o solo una actualización sin mucho interés? De hecho, Twitter juega con este concepto – y en este punto lo hacen también muchas otras apps sociales – haciendo que cada vez que se entre en la app haya que esperar un poco en una pantalla que muestra su logo. No es que el móvil o el tablet vaya lento, es que la app está jugando a crear expectativas.

Explotar el FoMO

El miedo a quedarse fuera y a perder cosas (el FoMO) es uno de los elementos que más se usan en internet a la hora de conectar con los consumidores y empujarles a hacer cosas. Es otro de los que emplean de forma recurrente las apps de más éxito y una de las causas que nos hacen estar mirando todo el tiempo nuestras pantallas y lo que en ellas espera. Las redes sociales parecen un ejemplo claro, pero lo cierto es que el FoMO se puede usar en todos los mercados y de todas las maneras. Una de las que lo usa es, por ejemplo, la app de aprendizaje de lenguas Duolingo, que hace que los usuarios pierdan recompensas si no se conectan todos los días y consigue, así, generar cierta tensión y miedo a lo que se puede perder si no se actúa.

El truco de la reciprocacidad social

O lo que es lo mismo: haces cosas porque te sientes obligado a hacerlas. Es lo que ocurre en LinkedIn, por ejemplo, cuando tras recibir una invitación te muestran una pantalla de gente que pueda que conozcas. Hacen que sientas que tienes que pagar con la misma moneda el hecho de que te acaben de invitar a unirte.

Convertir las cosas en un juego

La gamificación es una de las herramientas que permiten llegar a muchos consumidores, capturar su atención y mantenerlos activos. Es lo que usan las apps de aprendizaje, pero también las apps de relaciones como Tinder. Como explican en el análisis, lo que hace que la gente siga usando Tinder es su formato, el tener que deslizar hacia un lado o hacia el otro para lograr conectar con una persona o con otra. 

Parece un juego y es, en realidad, un juego, lo que hace que el usuario se acabe enganchando. Si eso se cruza con otros elementos, como el hecho de que la app también usa los trucos de las máquinas tragaperras para generar cierta tensión dramática, se pueden ver las cosas de un modo mucho más claro.
Fuente: Puromarketing.com

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