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Las tres tendencias gráficas y de contenido que lo invadirán todo en los próximos meses

POSTED ON abril 27th  - POSTED IN Sin categoría

Se podría pensar que las marcas y las empresas buscan ser especialmente diferentes a los demás para llamar la atención de los consumidores y para así conseguir destacar por encima de los demás, pero lo cierto es que, como en todo, las compañías acaban dejándose llevar por lo que todo el mundo está haciendo. Cuando una cosa se pone de moda y cuando un recurso gráfico y de contenido se convierte en ubicuo, todo el mundo empieza a emplearlo, sea como sea.

Una de las mejores maneras de ver lo que se avecina es ver lo que están empezando a demandar y servir en los servicios de fotografía. Es una de las maneras de ver cómo se equilibra la oferta y la demanda y de cómo empiezan las tendencias. Estos servicios ofrecen, sobre todo, lo que las empresas quieren comprar, lo que hace que los temas recurrentes sean los que están dominando o van a dominar los contenidos de marcas y compañías.

Uno de los últimos estudios sobre la cuestión lo ha realizado EyeEm, un marketplace de fotografía que ha analizado cuáles son las tres tendencias concretas que están tomando más fuerza. Las conclusiones del estudio, que recoge AdWeek, permiten adelantar cuáles serán los contenidos y las imágenes que se verán de forma recurrente y reiterativa en anuncios, infografías, presentaciones de productos o redes sociales.
Bloques de color

Hace unos años, hubo un momento en el que parecía que no había revista de moda que no hablase del color block. Se había convertido en uno de los temas de moda y en una de las tendencias punteras. Si se quería ir a la última, había que usar el color block. Y la tendencia ha vuelto: los cazadores de tendencias ya la han encontrado campando por Instagram, donde es una de las recurrentes en las fotos de los diseñadores y donde además se ha convertido en algo total (afecta a todos los elementos de la composición gráfica).

Por ello, los expertos están convencidos de que el color block será una de las tendencias visuales dominantes durante los próximos meses y que llenará las imágenes de las marcas. Composiciones para redes sociales y anuncios, todos ellos se dejarán tocar por esta tendencia. Negro, rojo, plata y el que se ha bautizado como ‘rosa millennium’ o ‘millennial pink’ son los colores favoritos.

Y esto permite también desarrollar otra de las tendencias que se ha puesto de moda en los últimos tiempos, la del millennial pink o rosa millennial. El color, una suerte de tonalidad de rosa muy específica, se ha convertido en una de las últimas tendencias en diseño. Puede que el color del año según Pantone sea el greenery, pero lo cierto es que el color que está invadiendo el diseño (y por diseño no solo debe entenderse moda: está en muchísimos productos y empieza a invadir la presencia de las marcas a muchos más niveles) es el rosa millennial. Está por todas partes (fue uno de los colores dominantes de la última feria del mueble de Milán, por ejemplo) y es ya el protagonista de un montón de artículos y de un montón de análisis.
Empoderamiento femenino

En este caso más que de forma es de fondo: las redes sociales se están llenando de imágenes de mujeres “mostrando fuerza natural”, como explicaba un fotógrafo a los responsables del estudio. Pueden ser mujeres que luchan contra el body shaming o fotos de lactancia. Lo que muestran es una imagen fuera de los clichés de la mujer.

La tendencia no es exactamente nueva y las marcas y empresas no han estado ajenas a ella. De hecho, algunas marcas, como puede ser Dove o Pantene, fueron de las pioneras en incluir en sus mensajes publicitarios y en su imagen de marca este tipo de imágenes y este tipo de mensajes. A medida que se iban haciendo más populares, su presencia ha ido aumentando y se ha ido haciendo mucho más recurrente. Que estos contenidos hayan implosionado en redes sociales (los ejemplos que ponen los responsables del estudio están ligados por ejemplo a fotos de mujeres reales haciendo yoga) muestra posiblemente que han entrado en el mainstream. Es decir, que lo que se va a convertir en popular y en corriente serán ese tipo de imágenes y no las que hasta ahora estaban dominando en la representación de la mujer en la publicidad y en los medios. En los próximos meses, por tanto, se verán muchos más contenidos como estos y se encontrarán en muchos más espacios y más escenarios.
El boom de la nueva bohemia

Hace unos años, los hipsters eran lo más: las marcas estaban como locas por comprenderlos y seducirlos y sus tendencias estéticas, aunque minoritarias en peso, se convertían en lo que se vendía a todo el mundo. Si los hipsters descubrían algo y lo ponían de moda en su pequeño círculo, de ahí saltaba a los demás consumidores, que se convertían en la nueva moda generalizada. No hay más que pensar en barbas y bigotes. Empezaron siendo algo hipster y acabaron siendo una moda que hizo que naciesen cadenas de ‘barberías tradicionales’ o que las tiendas de regalos y productos a lo Tiger se llenasen de estampados de bigotes.

Pues, aunque parezca que los hipsters y los modernos tuvieron ya su momento y que su impacto ha decaído, lo cierto es que las cosas no son tan simples. La moderna bohemia sigue teniendo un impacto. En los últimos tiempos, han aumentado las fotos ‘a lo hipster’, según concluyen en el estudio, con cada vez más planos cercanos y con fondos que suelen ser cafeterías cool y contenidos como las ubicuas y modernas tostadas con aguacate.
El impacto está siendo, por tanto, todavía elevado y los modernos siguen teniendo un peso decisivo en la cultura. Como explica uno de los expertos a AdWeek, se puede ver en por ejemplo cómo se viaja (y cómo se vende el viaje). “2017 es el año del tren”, dice. Ahora la experiencia se vende como el viajar lentamente, tener tiempo para escapar y descubrir lugares únicos. Los mensajes se llenarán por tanto de este tipo de contenidos.
Fuente: PuroMarketing

Por qué y cómo tomamos decisiones como consumidores

POSTED ON abril 24th  - POSTED IN Sin categoría

¿Cuáles son las conclusiones de los expertos sobre el cómo se puede medir la toma de decisiones?
Comprender por qué tomamos ciertas decisiones de compra y por qué en otras ocasiones tomamos otras es una de las grandes cuestiones a las que se enfrentan las marcas y las empresas y a la que le gustaría tener respuestas precisas y efectivas. Conocer las causas para cada una de estas cosas les permitirá no solo ser más eficientes a la hora de llegar a los consumidores, sino también adelantarse a problemas, poner más fácil que la balanza caiga del lado del sí o evitar que las cosas sean poco o mal comprendidas por parte de los consumidores.
Sin embargo, comprender a los consumidores y sus decisiones y encontrar las herramientas más eficientes para hacerlo no siempre es fácil. Las compañías tienen que encontrar las claves para acercarse a los consumidores y para comprender qué es lo que les interesa y por qué deciden a favor o en contra de una cosa o de otra.
Un estudio, recientemente publicado en el Proceedings of the National Academy of Sciences, combinó técnicas de psicología y de economía para comprender mejor cómo se toman las decisiones. En este caso, el grupo sobre el que se hacían los ensayos eran adolescentes, sobre los que investigaron en base a cuestiones de vida. Es decir, se centraron en esas decisiones vitales que hay que tomar.
¿Cuáles son las conclusiones de los expertos sobre el cómo se puede medir la toma de decisiones?

El estudio estableció que si se empleaban métodos psicológicos para hacer investigación económica se lograban respuestas mucho más útiles y mucho más precisas que si se hacían preguntas específicas. Por ello, los expertos tienen que ser capaces de emplear métodos que a veces se salen de su zona de confort para conseguir encontrar la información que buscan.
El poder de la investigación interdisciplinar
Las conclusiones de este estudio son bastante interesantes para las marcas y las empresas, ya que al final lo que los expertos en economía quieren saber es, de forma bastante similar, lo que las propias marcas y empresas buscan cuando hacen estudios de mercado. Los expertos hicieron preguntas sobre las estimaciones de consumo y de gasto, sobre el futuro de los precios y sobre cómo se enfrentan los adolescentes a las cuestiones ‘de bolsillo’. Estas son las realidades que, recurrentemente, las compañías necesitan investigar y sobre las que necesitan obtener datos.
Y, de hecho, ser capaz de aplicar de forma interdisciplinar los conocimientos y las técnicas no solo puede ayudar a comprender mejor a los consumidores, sino que también puede ayudar a obtener mejores resultados. Un estudio igualmente reciente señalaba que comprender mejor la economía y usar conocimientos económicos puede ayudar a forzar la mano de los consumidores a la hora de tomar decisiones de consumo. Comprender ciertos principios económicos, como puede ser el cortoplacismo o el miedo a pérdida, ayuda a comprender mejor cómo se comportan los consumidores.

 

Por qué tomamos decisiones y cómo lo hacemos

A pesar de que comprender a los consumidores no siempre es fácil y a pesar de que las empresas tienen que trabajar de un modo ambicioso y cada vez más complejo para lograr esos conocimientos, hay ciertos principios que se han convertido en una suerte de elementos básicos que ya conocemos y sabemos sobre cómo se toman las decisiones y por qué. Los diferentes estudios realizados sobre el tema han ayudado a confirmarlos.
Así, por ejemplo, es muy importante saber que tomamos las decisiones de forma muy rápida, aunque no seamos conscientes de ello. Puede que pensemos que nuestro cerebro sigue dándole vueltas a una cosa una y otra vez y que no tenemos nada claro qué hacer, pero lo cierto es que nuestro subconsciente ya tomó esa decisión hace mucho tiempo. En realidad, aunque nuestro cerebro racional no lo haya ‘visto’, nuestra parte irracional solo necesitó unos segundos para decidirse. Según un estudio de la Universidad de Harvard, nuestra parte subconsciente fue la que tomó el 95% de las decisiones.
Las decisiones son por tanto emocionales, pero a pesar de ello nuestro yo racional también tiene mucho que decir sobre la cuestión. Porque, aunque ya hayamos tomado la decisión, necesitamos justificar lo que estamos haciendo y ahí es donde entra la parte racional del cerebro con toda su fuerza. Eso es lo que hace que se necesiten razones lógicas para sostener lo que hemos decidido ya de antemano.
La parte racional de nuestro cerebro no toma decisiones todo el tiempo porque necesitaría para ello destinar muchísima energía a hacerlo, como han demostrado los científicos. Un ejemplo que permite comprender esto es, como recuerdan en la BBC, lo que ocurre cuando nos preguntan algo complejo mientras estamos caminando. Nos paramos para pensar en ello.

 
Los sesgos y las decisiones

El que nuestra mente subjetiva sea quien tome tantas decisiones hace que, lo queramos o no, acabemos viéndonos afectados por muchos sesgos, sesgos que no estamos realmente viendo que nos están afectando (y que impactan en muchas de nuestras decisiones de consumo). Por ejemplo, preferimos todas aquellas cosas que sean inmediatas, aunque no las mejores y las que nos ofrezcan los mejores resultados o condiciones y también sentimos mucho más miedo a las pérdidas que placer ante las ganancias.
Un científico hizo la prueba de cuánto es nuestro umbral de miedo a la pérdida. Si hoy perdiésemos 10 libras, concluyó, sentiríamos dolorosamente su pérdida, incluso si al día siguiente encontrásemos 20. Es el doble del dinero perdido, pero no logra cubrir la pena por lo perdido. Puede parecer algo irrelevante, pero es una realidad con implicaciones mucho más profundas y que modifican – y mucho – las decisiones que tomamos.
Y, por supuesto, en nuestras decisiones también impactan condicionantes sacados del contexto, como por ejemplo el poder de las palabras y lo que asociamos a ellas. Un estudio sobre colores y cómo los escogemos demostró que los nombres de los mismos modifican nuestra respuesta. Ocurrió con un grupo de mujeres y dos pintauñas de dos tonos distintos de rosa. Uno era el tono ‘adorable’ y el otro ‘zapatillas de ballet’. Cuando las mujeres escogían sin saber cómo se llamaban los tonos, ‘adorable’ era el favorito. Cuando se sabía el nombre, ganaba ‘zapatillas de ballet’.
Fuente: Puro Marketing

Los consumidores quieren marcas con valores, pero no es tan fácil ser una de ellas

POSTED ON abril 20th  - POSTED IN Sin categoría

Los consumidores quieren marcas con valores, pero no es tan fácil ser una de ellas

Las compañías se enfrentan a problemas cuando no comprenden qué quieren los consumidores cuando buscan empresas con valores

En los últimos tiempos, los valores han pasado de ser algo que tenían ciertas compañías y que por ello destacaban por ello por encima de las demás (la empresa que estaba comprometida con el medio ambiente, la marca que donaba a la educación infantil…) a convertirse en una suerte de elemento universal, algo que todo el mundo tiene que estar haciendo y sosteniendo. Los valores se han convertido en una cuestión que todo el mundo tiene que trabajar y ante la que todo el mundo tiene que posicionarse, ya que los cambios demográficos han modificado también qué esperamos de las empresas y han empujado a estas a tomar partido.

La irrupción de los millennials en el mercado ha cambiado algunas cosas y ha impulsado otras, haciendo que las marcas y compañías tengan que enfrentarse a un panorama con unas exigencias diferentes en el que no solo tienen que comunicar de un modo distinto sino en el que también tienen que ser capaces de basar esa comunicación en elementos distintos. Ahora, los consumidores esperan que las compañías tengan fines que vayan más allá de su propio beneficio y que estén comprometidas con cuestiones diversas. Ser neutral y mantenerse alejado de los problemas del día ha dejado de ser posible en un mundo en el que los consumidores quieren que las marcas estén cada vez más presentes (a ese nivel).

Y, por ello, en los últimos tiempos las marcas y las empresas han empezado a pronunciarse sobre más y más cosas. Uno de los mejores ejemplos para verlo fueron las elecciones estadounidenses. La victoria de Donald Trump no solo propició una avalancha de análisis y de comentarios políticos, sino que además hizo que marcas y empresas entrasen en el debate. Muchas se posicionaron sobre algunas de las bases del discurso del recién electo presidente.

Pero todo este interés creciente por los principios y los valores y el que los consumidores esperen que las marcas y las empresas se manifiesten y defiendan algo, no es un elemento que no tenga su lado oscuro. Los valores no son una cuestión a prueba de bomba y pueden crear también su larga lista de problemas. Por un lado, se podría recordar que posicionarse de forma abierta implica enfrentarse a quienes no piensan como uno, casi se haga como se haga. Por otro lado, en esta nueva exigencia de valores los consumidores son también exigentes en otra cuestión. Quieren que la posición de la marca sea realmente sincera y son muy críticos con el doble juego.

Lo que están haciendo mal las empresas

Como explica un analista de Forrester en un post en el blog corporativo, las marcas y las empresas no solo tienen que comprender los hábitos tecnológicos de sus consumidores y analizar grandes remesas de datos, sino que además tienen que crear experiencias “extraordinarias” y ser muy conscientes de que sus clientes los analizarán de una forma muy completa.

“Las marcas serán analizadas más allá de la suma de sus características, beneficios, personalidad y posicionamiento”, alerta. Dado que ahora resulta más fácil que nunca saberlo todo sobre todo gracias a internet, los consumidores están cada vez más alerta para elegir a aquellas marcas que encajan mejor con lo que ellos mismos creen y con aquellas marcas que mejor se adaptan no solo a su visión del mundo sino también a lo que ellos creen que debería ser el impacto social de las compañías.

Y todo esto, que ayuda muy bien a comprender por qué los valores se han convertido en un valor de cambio tan importante ahora, permite también estudiar por qué todos los esfuerzos de las marcas y de las empresas les pueden, por así decirlo, explotar en la cara y hacer que su situación se vuelva inestable. Fue lo que le pasó hace unos meses a Uber, cuando son respetaron una huelga de taxistas en el aeropuerto de Nueva York y lograron que los consumidores lanzasen llamadas al boicot (llamadas con un cariz global: en aquella época se podían encontrar mensajes en las calles de Lisboa, por ejemplo, pidiendo el boicot a Uber). Y es también lo que acaba de pasar con el polémico anuncio de Pepsi, que ha trivializado las protestas de los consumidores para vender refrescos y que ha despertado tantas críticas que la marca ha tenido que eliminarlo.

Los consumidores son cada vez más críticos con las marcas y con las empresas y mucho más rápidos a la hora de rechazar a aquellas que, como señalan en el análisis, no tratan bien a sus empleados, no respetan los derechos de los animales o que tienen simplemente valores ‘de salón’, principios que solo usan en sus anuncios y para quedar bien con el mercado al que están intentando convencer.

Y, aunque pueda parecer algo bastante lógico y fácilmente visible, lo cierto es que las marcas y las empresas siguen trastabillando y siguen cometiendo errores.

Cómo no caer en las trampas

Las marcas y las empresas podrían acabar creyendo que la realidad de los valores y los principios es una suerte de campo de minas en el que es difícil salir indemne. En realidad, las cosas solo implican usar el sentido común y comprender qué es lo que está ocurriendo y saber muy bien por qué se hacen las cosas que se hacen.

Los analistas de Forrester dan, de hecho, tres puntos básicos en los que las marcas y las empresas deberían centrarse en este entorno de los valores y los principios de marca. El primero está ligado a cómo se deben escoger los principios y cómo se debe decidir con qué jugar. Las compañías deben centrarse en aquellos valores que “tienen relevancia para la marca y resuenan entre los consumidores”. Esto es, hay que saber qué se escoge.

Después, hay que tener muy claro cómo se gestionan los valores y lo que estos implican. Ser una marca con valores no es solo un artefacto de marketing, sino que implica algo más profundo. Los valores no deben verse solo en los comunicados y en los anuncios, sino que tienen que tener una presencia general en la empresa.

Y, finalmente, hay que demostrar de forma tangible ese compromiso. No tienen que ser solo palabras, sino algo mucho más general y mucho más claro. Los consumidores tienen que ser capaces de encontrar esos valores y esos principios.

5 principios de Neuromarketing

POSTED ON abril 18th  - POSTED IN Sin categoría

5 principios de neuromarketing que ayudan a obtener muchos mejores resultados

El neuromarketing no manipula las mentes de los consumidores, pero sí ayuda a presentar las cosas de la manera más efectiva.
La neurociencia ha ayudado a comprender mucho mejor cómo funciona el cerebro de los seres humanos y cómo estos procesan la información, responden a la misma y establecen mecanismos para relacionarse con ella y con los demás. Esto nos ha permitido comprender, por ejemplo, cómo ciertos elementos tienen un impacto más importante de lo que pensábamos en decisiones que en un principio nos parecían más racionales. Se compre lo que se compre, por ejemplo, entran en juego los sentimientos.
Por ello, la neurociencia y su aplicación en el marketing han ayudado a las empresas a ser mucho más eficientes y a presentarse mejor ante los consumidores. El neuromarketing no manipula las mentes de los consumidores, pero sí ayuda a presentar las cosas de la manera más efectiva. ¿Cómo se puede lograr obtener los mejores resultados? Solo hay que pensar en los mecanismos que activan la mente de los consumidores. Como recuerdan en MarketingProfs, cinco principios elementales son básicos para comprender cómo obtener mejores resultados.
Familiaridad y experiencia de uso

Existe una relación entre todos estos factores. La familiaridad, como recuerdan en el análisis, repercute en una mayor confianza entre el consumidor y la marca. Por ello, cuanto más familiar resulte la experiencia de uso, más fácil será que se sienta que se reconoce lo que se está haciendo y la respuesta a los mismos será mucho más positiva.
Por tanto, las marcas y las empresas tendrían que esforzarse en comprender a los consumidores y en generar elementos que ayuden a potenciar aquellas emociones que acaban incentivando la confianza. Un 90% de nuestro comportamiento, apuntan los neurocientíficos, ocurre fuera de nuestra consciencia, lo que hace que nos movamos por impulsos y que el comprender esos impulsos (y el actuar sobre ellos) se haya convertido en una cuestión tan importante.
Reciprocidad

El efecto que tiene la reciprocidad en los consumidores es uno de los principios de neuromarketing que deberían tener más en cuenta de lo que lo hacen los marketeros al establecer su estrategia y el cómo y por qué hacen las cosas.

La reciprocidad es un principio que actúa sobre nuestra vida diaria y que afecta también a cómo consumimos: nos sentimos obligados a devolver favores y a pagar deudas, lo que implica que también actuemos así en relación a marcas y a empresas. Por supuesto, y esto es muy importante, no se puede dar algo esperando algo a cambio y forzando la mano. El principio no funciona así. Tiene que ser algo que se de sin esperar nada, para que los consumidores se sientan empujados a responder del mismo modo. Por ejemplo, un estudio demostró que dar caramelos con la cuenta hace que las propinas suban en un 18%.
El temor a la escasez

Ese es otro de los grandes principios de neuromarketing que pueden hacer que las cosas salgan mucho mejor a las empresas. Es uno, de hecho, de los que mejor les funcionan a las tiendas online. No solo juega con el principio de que deseamos aquellas cosas que no podemos tener sino también con nuestro temor a quedarnos sin las que queremos y son limitadas.

Es lo que hacen las tiendas cuando ponen que solo quedan tantos ejemplares de un producto. No están dando esa información a la ligera, sino que están forzando nuestra mano. Cuando se siente que hay muchos productos, explican los expertos basándose en estudios, los consumidores ‘pasan’ de comprar. Cuando se siente sin embargo que las cosas son escasas, se toma la decisión mucho más rápido. Se compra antes de que se agote.
Cuando nos gustan las cosas

Es bastante lógico también: si en nuestra vida personal preferimos relacionarnos con aquellas personas que nos gustan, ¿no ocurrirá lo mismo con las marcas y las empresas? El efecto del gusto tiene también un peso en las ventas. Lograr que al consumidor le guste tanto la marca como la empresa, el espacio o hasta el vendedor hará mucho más factible que diga sí a la compra. ¿Por qué nos complementan marcas y vendedores? En realidad, es porque funciona. Un estudio de la Universidad de Hong Kong ha demostrado que los cumplidos, aunque sean poco sinceros, funcionan.
Usar el anclaje de información

El anclaje es un elemento muy importante, porque afecta no solo en el momento sino también en el futuro. Los consumidores usan informaciones que recibieron en el pasado y que guardaron en su mente para tomar decisiones a futuro. Esto es: anclan la información para después recuperarla cuando la necesitan. Por ello, es importante fijar la información más adecuada, porque una vez establecida impactará en las decisiones de compra a futuro. Es lo que hacen los vendedores de cosas con descuento cuando, antes que nada, nos dicen lo que costaba todo en un principio.
Fuente: PuroMarketing

Cómo usar el comportamiento económico de los consumidores para vender más

POSTED ON abril 12th  - POSTED IN Sin categoría

Las marcas y las empresas tienen que tener en cuenta muchos elementos antes de establecer cómo se relacionarán con sus consumidores. El comportamiento de los consumidores cambia y varía y en esos cambios y variaciones hay bastantes elementos de por medio a los que las compañías tienen que ajustarse y que tienen que tener en cuenta. Varias son las cosas que influyen en por qué los usuarios hacen una u otra cosa y por qué consumen uno u otro producto y a las marcas y empresas no les queda más remedio que tenerlas todas en cuenta si quieren que su estrategia resulte realmente eficiente.

Y, en esa lista, se han incluido muchos elementos y muchas cosas. Han entrado en juego las emociones, se ha analizado el impacto de los sentidos, se tienen en cuenta principios psicológicos… También las empresas y las marcas deberían tener en cuenta el comportamiento económico de los consumidores, ya que este tiene igualmente un impacto sobre sus decisiones de compra. Es bastante lógico y bastante esperable: lo que consumimos afecta a nuestra economía, por lo que todos los comportamientos relacionados con ella (y relacionados por tanto con nuestro bolsillo) harán que compremos de un modo o de otro.

Por ello, y como apunta un experto en Warc, las compañías y sus directivos deberían empezar a fijarse en las conclusiones de la economía conductual, un área de la investigación en matemáticas que se centra en cómo el comportamiento humano afecta a la economía, para comprender mejor a sus consumidores. Porque, aunque la economía conductual se centre en la gran foto económica, su punto de partida es el mismo que afecta a las mucho más pequeñas decisiones de compra de los consumidores.
Cómo usar estos principios

Así, por ejemplo, los directivos deberían tener en cuenta conceptos como el cortoplacismo para comprender a sus consumidores. Por muy poco racional que parezca y por mucho que se nos repitan cuestiones diferentes, los consumidores no son capaces de dar prioridad al largo plazo en sus decisiones si pueden tener un beneficio a corto plazo. Esto es, si se nos pone delante la opción de comprar algo que nos reportará un beneficio inmediato, no pensamos con cautela en los beneficios que a largo plazo nos dará otra cosa.
“Cuando pensamos sobre nosotros mismos en el futuro, es casi como si pensásemos en otra persona”, apunta Matthew Willcox, el investigador del que parten estas visiones. Si las marcas y empresas quieren, sin embargo, jugar con el largo plazo y si el largo plazo es realmente lo que importa a la hora de convencer del potencial de un servicio o de un producto, necesitan hacer fácilmente visible esa realidad. Es lo que hace, por ejemplo, el Bank of America Merrill Lynch, que para posicionar sus fondos de jubilación tiene una herramienta que permite a los consumidores ver cómo serán en el futuro. Les hacen una foto con una webcam y les muestran cómo serán cuando sean jubilados. El yo del futuro se hace tangible.

Otro elemento que es decisivo a la hora de tomar decisiones de compra y que hace que los consumidores se dejen llevar sin pensar en otras cosas es el miedo a la pérdida. El miedo a perder algo hace que incluso se pierda de vista el potencial beneficio que algo puede aportar. Los consumidores se hacen con algo si temen lo que puede pasar si no lo hacen, lo que puede convertirse en un poderoso factor a tener en cuenta por marcas y empresas a la hora de posicionar los productos.

Como apunta el experto, no se trata tanto de crear un mensaje que de miedo sino más bien de incentivar el uso de ciertas cosas partiendo de ello. Es decir, tienen que jugar con la carta del ‘lo que te puede pasar’. Es lo que hacen los fondos de ahorro o las cremas solares. No dan miedo en el momento, sino que más bien insinúan que puede dar miedo el futuro.

Por qué es importante la comunicación?

POSTED ON abril 10th  - POSTED IN Sin categoría

Saber comunicarse, fundamental en la venta

Alguna vez se ha detenido a pensar:
¿Por qué elegimos un producto de una determinada marca y no de otra?
¿Por qué usamos un determinado modelo de coche?
¿Por qué escuchamos una emisora de radio concreta, dentro de la gran oferta que existe en el mercado?
La respuesta a estos interrogantes, podemos encontrarla, al menos en parte, en el rol cada vez más preponderante que la comunicación juega en la sociedad actual. Y este fenómeno se observa tanto en el ámbito empresarial e institucional, como en el personal. Incluso las estadísticas señalan que tanto hombres como mujeres, empleamos la mayor parte de nuestro tiempo útil en tareas que se engloban dentro del área de la comunicación. Por ejemplo, se calcula que ese tiempo representa el 90% de nuestra vida cotidiana y que se distribuye de la siguiente manera:
45% escuchando, 30% hablando, 16% leyendo y 9% escribiendo.
Nuestra vida cotidiana: 45% escuchando, 30% hablando, 16% leyendo y 9% escribiendo.

Por tanto, la comunicación se convierte en el eje central sobre el que giran las relaciones humanas y, por consiguiente también laborales, con nuestros clientes, nuestros jefes, compañeros… Por esto es fundamental saber comunicarse.
Comunicación VS Información

Pero hay que saber distinguir entre comunicación e información, dos términos que con frecuencia confundimos. La información se limita básicamente a la transmisión de datos de un emisor a un receptor, mientras que la comunicación comprende un proceso mucho más complejo, que se relaciona con el intercambio de ideas y conocimientos, a partir de los cuales, se genera una respuesta o “feedback” por parte de la persona que recibe dicho mensaje.

Una cosa está clara. Hoy más que nunca, es innegable que es importante saber comunicarse bien con los demás, constituye una de las claves por excelencia para tener éxito. Ya sea para vender nuestros productos o servicios, conseguir una nueva cuenta, dirigirnos a los clientes, o simplemente para interpretar lo que alguien nos quiere decir, se ponen en funcionamiento diferente fases dentro de la comunicación. Si queremos alcanzar con éxito nuestros objetivos es fundamental que ninguna de estas fases sea interrumpida por parte de los interlocutores que intervienen en el proceso, ya sea en la fase emisora como receptora.
Saber comunicarse constituye una de las claves por excelencia para tener éxito

Para ello, la comunicación pone en nuestra mano todas las herramientas necesarias para llegar a nuestros clientes, a nuestros colaboradores o al mercado en general de una forma satisfactoria. Tenemos que tener en cuenta que todo lo que somos y hacemos forma parte de ese proceso ya que la comunicación no sólo se compone de palabras, sino de actitudes, gestos, imágenes. De este modo, podemos afirmar que también nos comunicamos, por ejemplo, con nuestra forma de vestir, nuestro saber estar en el trabajo, incluso, cuando damos un servicio a los clientes utilizando nuestra flota de vehículos, ya que la imagen que dan nuestros coches también forma parte de la imagen global de la empresa.

En cualquier caso, debemos recordar que más allá de las múltiples posibilidades que la comunicación introduce en el ámbito laboral y personal, es probable que su mayor aporte sea transmitir conocimiento, permitirnos conocer la opinión y la verdad del otro, la realidad de nuestra empresa, así como de todo lo que nos rodea. Sólo de este modo podremos enriquecer y mejorar nuestras relaciones, no sólo empresariales, sino humanas.

La competitividad es cada vez más feroz

POSTED ON abril 5th  - POSTED IN Sin categoría

¿Por qué tener una estrategia de marketing también es importante para una pyme?

Cualquier marca y cualquier empresa pueden hacer marketing y deben hacer marketing

Cuando se habla de marketing y de grandes casos de éxito, de marcas que han logrado posicionarse muy bien o de grandes anuncios que se han convertido en virales, se suele hablar de forma recurrente de grandes compañías, de gigantescas multinacionales que tienen grandes presupuestos y que se pelean por contratar a directivos y creativos estrella para posicionar a sus productos y su propia identidad. Las listas suelen estar llenas de nombres como los de Apple, los de Google, los de los gigantes de la industria alimentaria o de las cadenas de comidas, como Starbucks, McDonald’s o BurgerKing, o de grandes enseñas de moda, como pueden ser las firmas de lujo a lo Chanel o a lo Gucci, por poner solo unos pocos ejemplos. Lo extraño suele ser encontrar artículos y análisis en los que aparezca una pequeña tienda de barrio o una empresa de pocos empleados con una cobertura de mercado que, como mucho, llega a la región en la que se encuentra.

Y esto puede hacer que uno se acabe llevando a engaño y que se acabe pensando que todo esto del marketing es importante, sí, pero solo para unos. Se corre el riesgo de pensar que solo las grandes firmas con grandes presupuestos son quienes tienen que hacer marketing y quienes deben tener una estrategia sólida en este terreno y que, por el contrario, para las pymes es solo una cosa a mayores, algo que no es siempre necesario hacer y ante lo que se puede esperar a que sobre dinero para hacerlo.

El marketing es, sin embargo, algo que no está limitado a los grandes nombres y algo en lo que deberían trabajar muchas más que las grandes marcas. En realidad, hacer o no buen marketing no depende de cuánto dinero uno tenga y del presupuesto que le pueda dedicar a esta cuestión, sino más bien de lo que vaya a hacer con ese dinero, del cómo lo haga y de cómo desarrolle y base su estrategia. Esto es lo importante no está en los gruesos de dinero que se dedican a hacer marketing sino más bien al cómo se reparte ese dinero.

Y, por ello, en realidad, cualquier marca y cualquier empresa pueden hacer marketing y deben hacer marketing. Poco importa que se sea una pyme. De hecho, ellas también tienen ciertas razones concretas que hacen que el marketing sea clave en su supervivencia.

La competitividad es cada vez más feroz

Una de las razones por las que todas las empresas, sean del tamaño que sean y operen en el mercado que operen, tienen que centrarse en tener una buena estrategia de marketing está en las propias características del mercado. Cada vez hay más y más compañías intentando hacerse con el mercado y compitiendo por el mismo segmento, intentando convencer a los mismos consumidores. Y esto ocurre, además, en un entorno en el que cada vez es más complicado que esos consumidores se den cuenta de que ese producto o esa marca existen, ya que la abrumadora cantidad de competencia y el elevado volumen de mensajes que los demás generan implica que romper la barrera de entrada es cada vez más difícil. Se necesita al marketing para conseguirlo.

Uno tiene que diferenciarse

Y, en medio de este mercado cada vez más competitivo y cada vez más saturado, no se puede dejar nada la suerte a la hora de llegar al consumidor. Es necesario tener una identidad clara y ser capaz de destacar sobre los demás. Hay que diferenciarse y hay que posicionarse en ese entorno de un modo diferenciado.

Uno tiene que ser visible

Y muy relacionado con el punto anterior se encuentra este: si ya en el pasado las marcas y las empresas no tenían más remedio que trabajar para posicionarse de forma visible ante sus consumidores, la situación es todavía mucho más evidente y clara hoy en día en este terreno. Unos y otros deben trabajar para posicionarse, para destacar, para ser, en definitiva, visibles. Tienen que evidenciar su existencia ante los consumidores.

De poco vale tener un producto de gran calidad si nadie lo sabe

Ser visible es crucial, ya que es lo que hace que los consumidores descubran lo que hacemos. Poco importa tener un producto muy bueno o un servicio brillante si, al final, nadie está viendo o recibiendo ese servicio o producto. Tan importante como el producto que acaba de salir al mercado es la estrategia que hará que los consumidores descubran su existencia. Si nadie sabe que tu producto existe, nadie se acercará, al final, a comprarlo.

Porque el marketing es en realidad muchas cosas

Igualmente, uno de los errores que se podrían cometer en esta idea de hacer o no hacer marketing es la de caer en la trampa de pensar que hacer marketing es algo muy limitado, algo muy concreto, y olvidar que al final el marketing es algo muy amplio que abarca muchas herramientas y muchos canales que las empresas pueden emplear para llegar a los consumidores. Las redes sociales son, al fin y al cabo, marketing también.

Las emociones, el arma secreta para hacer triunfar el marketing de contenidos

POSTED ON abril 3rd  - POSTED IN Sin categoría

 

Los contenidos han entrado en las estrategias de marketing de forma destacada. Para las marcas y para las empresas, los contenidos son una de las pocas fórmulas de llegar a los consumidores en los tiempos que corren. Los usuarios no son nada receptivos a los mensajes de las marcas y, sin embargo, sí lo son a sus contenidos, ya que no los ven de entrada como publicidad y los asumen como un valor añadido. Para los consumidores, por tanto, los contenidos son algo deseable y de valor, algo que les gusta y que buscan (o al menos lo hacen si las empresas han hecho bien su trabajo y han sabido posicionarse con contenidos que no sean simplemente spam).

Pero ¿cómo deben hacerse esos contenidos y qué debe usarse como herramientas para llegar al consumidor y para que esos contenidos les resulten atractivos? A lo largo de los últimos tiempos, no han sido pocos los analistas y los expertos que han dado pautas, han establecido ciertas normas básicas o han dado ciertas recomendaciones sobre lo que no se debería hacer y lo que se recomienda usar.

Los contenidos, además del valor añadido ya mencionado y que debe ser la norma general y básica a partir de la que trabajar, tienen que estar bien escritos y ser de calidad. Además, deben contar historias con tirón y poderosas, haciéndolo además de un modo que permita al receptor conectar con ellas. Esto es lo que hace que en los últimos tiempos sean cada vez más las empresas y las marcas que contratan a escritores, periodistas y profesionales similares y lo que ha convertido al storytelling en una de las habilidades que estos tienen que tener.

Pero, además de todo ello, los contenidos tienen que tener emoción y tienen que generar emociones. Tienen que llegar al receptor a ese nivel y tienen que permitir que se conecte de ese modo.

Cuando se habla de emociones y contenidos, se puede caer, sin embargo, en cierta trampa. Se podría pensar que lo de las emociones significa directamente lanzarse a crear contenidos con cierta temática o con cierto tono. Emociones puede ser traducido (o se podría caer en ello) como lacrimógeno o como una de esas historias que tanto abundan en ciertos medios de superación, tragedia o miserias. Lo emocional no tiene que ser lo que haga llorar. Y esto debe serlo mucho menos cuando lo que se está hablando es de contenido de marca.

Qué implican las emociones en los contenidos
Las emociones son la clave para comprender el engagement, ya que son lo que hace que los consumidores conecten con ello y lo que supone además el empujón para que reaccionen ante ellos. Como apunta un directivo de la BBC en un análisis en Warc, comprender cómo opera la respuesta emocional en los contenidos es lo que ayuda a comprender qué es lo que genera el engagement y lo que permite crear contenidos mucho más efectivos. Por ello, los creadores de estos contenidos no solo tienen que saber contar historias. También tienen que saber generar el engagement para posicionar esas historias. Como apunta el experto, es necesario “casar el arte del storytelling con la ciencia del engagement”.

Y, por ello, todas y cada una de las emociones que generan los contenidos se convierten en una realidad útil para los marketeros. Las emociones, ya sean positivas o negativas, dan mucha información y permiten comprender mejor a los consumidores/receptores de contenidos y las emociones que los mueven y las que los llevan a reaccionar. No generar emociones es un problema, porque implicaría que lo que se tiene delante ha dejado frío y que ha entrado en la larga lista de lo irrelevante.

Ciertas emociones son mucho más recomendables y algunas de ellas tienen un efecto mucho mayor a la hora de lograr impacto. Según el análisis, la tristeza, el miedo o la sorpresa son emociones serias y emociones igualmente que generan un máximo impacto emocional. Cuando se generan esas emociones, el impacto del mensaje en el subconsciente es, de hecho, un 22% superior a cuando esto no ocurre.

Por otro lado, otros mecanismos ayudan a hacer que la atención se mantenga y que se desencadenen emociones. Jugar con la intriga hace que se mantenga la atención y también que el receptor se sorprenda. Aunque, como ha señalado el experto, no se puede abusar de ello y hay que saber cómo se usa.
Fuente: Puro Marketing

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