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¿Hay que medir la visibilidad o el rendimiento de los anuncios?

POSTED ON septiembre 28th  - POSTED IN Sin categoría

Durante años, muchos profesionales del marketing han medido el rendimiento de la publicidad de respuesta directa utilizando una combinación de atribución click through y view through. Pero últimamente, el valor de la atribución view through ha sido cuestionado en los casos en los que el anuncio no es completamente visible. Como resultado de ello, los anunciantes insisten cada vez más en que quieren lograr altos índices de visibilidad global en sus campañas, de forma que puedan ajustar el CPA proporcionado por su proveedor de atribución (con frecuencia DART o Atlas). Esto es lo que denominamos “Estrategia de Alta Visibilidad”.

Recientemente, en la conferencia Programmatic I/O, el vicepresidente ejecutivo de comScore, Anthony Psacharopoulos, compartió algunos resultados sobre la visibilidad que sugerían que la visibilidad elevada conducía a un incremento en las ventas en tienda. En particular, señalaba que un incremento de la visibilidad del 50 al 70 por ciento aumentaba las ventas en tienda en un 63%. Pero esta argumentación no tenía en cuenta un elemento fundamental, el coste. Y es que según nuestra experiencia, para obtener esos incrementos en la visibilidad se requiere una inversión de, al menos, un 100% más en compra de medios. Y para hacerlo, te quedas sin ganancias y puede que sin algo más?

Como alternativa, nos parecería acertado que el sector tuviera en cuenta las impresiones visibles solo para establecer la atribución.

¿Qué riesgos supone exigir una alta visibilidad?

La estrategia de alta visibilidad implica varios problemas:

Las ubicaciones con una alta visibilidad resultan fáciles de encontrar para muchos compradores, pero por eso son muy caras.
Los sitios “Premium” más preciados cuentan con muchos emplazamientos que no son visibles, pero cuando lo son pueden ser muy rentables.
Los emplazamientos con un alcance elevado representan sólo un parte pequeña del inventario total: para llegar a un 70 por ciento de visibilidad, la oferta de anuncios en display se reduce a solo un 2,79 por ciento del total.
Una vez que una campaña se quede atrás en la consecución de los objetivos de visibilidad puede ser imposible que recupere el tiempo perdido. Si nuestro objetivo se sitúa en un 70%, pero en la primera mitad de la campaña solo estamos alcanzando el 60%, para subir la media en la segunda parte habrá que tratar de llegar al 80% para alcanzar al objetivo y con una oferta realmente pequeña.
Algunas formas de medir la visibilidad emplean “trucos”. Por ejemplo al mostrar los anuncios solo en apps móviles, donde se asume que la visibilidad es del 100%, por mucho que este no sea el mejor contexto para el mensaje del anunciante.
Por tanto, si la estrategia de alta visibilidad tiene tantos inconvenientes, ¿qué podemos hacer? Nosotros recomendamos mostrar anuncios basados en predicciones en tiempo real que tengan en cuenta tanto la visibilidad como el rendimiento de esa impresión. Y es que creemos que es lógico plantearse la siguiente pregunta, ¿qué preferiría comprar por 3 euros?

¿Un anuncio con una visibilidad prevista de un 25%, pero una tasa de conversión del 1%?
¿Un anuncio con una visibilidad prevista del 75%, pero con una tasa de conversión del 0,1%?
La respuesta es (1), que nos da un 0,0025 por ciento de conversiones previstas, mientras (2) nos da un 0,00075 por ciento de conversiones previstas. Pero con las estrategias de alta visibilidad nunca se llega a esta conclusión.

Habría que tomar algunas medidas para poder establecer la fórmula idónea. Si tuviéramos un modo de ignorar las impresiones no vistas cuando se computan atribución y CPA ganaríamos una medalla de oro. Pero no es así. Debemos solicitar a los proveedores de soluciones de atribución que incorporen la visibilidad en sus informes y en la atribución (algo que todavía no es posible) y, posteriormente, a los partners DSP que optimicen sus soluciones hacia el último contacto visible (last viewable touch), para impulsar el comportamiento adecuado. Es decir, el DSP tiene que medir y a la vez optimizar la visibilidad y el rendimiento de cada impresión.

Para entender los costes se debería poder negociar un precio vCPM (pagar solo por impresiones visibles) o computar solo el CPM efectivo en las impresiones visibles a posteriori, al ignorar las impresiones no vistas.

Sin embargo, la métrica más importante es el CPA basado en el último contacto visible, es decir, atribuir cada conversión al último anuncio mostrado que se haya medido como visible (o en el que se hizo clic). Se trata de una solución sencilla, que se alinea con el valor real del negocio, y que se podría convertir en la nueva moneda de cambio de la publicidad programática en display.

Qué hacer por el momento

Hasta que eso sea posible, solo podemos medir la visibilidad y el rendimiento de forma separada, de manera que la medición del rendimiento incluirá la atribución a algunas impresiones no vistas. Pero eso no nos impedirá optimizar las conversiones en base a impresiones vistas.

Hoy recomendamos que los clientes incluyan objetivos de visibilidad en cada campaña, pero que trabajen con tests A/B para encontrar el nivel óptimo de visibilidad que maximice el rendimiento de impresiones visibles. Asimismo, si se trabaja con múltiples partners, debe exigírseles que cumplan con el mismo estándar de visibilidad.

Todo ello teniendo en cuenta que el elevado coste de proporcionar impresiones altamente visibles tiene un impacto en el CPA que es superior al beneficio que supone evitar el gasto en impresiones no vistas. Solo así obtendremos un rendimiento razonable. La visibilidad es importante, pero la rentabilidad también lo es.
Fuente puro Marketing

La conexión emocional

POSTED ON septiembre 26th  - POSTED IN Sin categoría

Por qué las emociones se han convertido en un elemento crucial para las marcas
Los consumidores empiezan a valorar cada vez más que las marcas establezcan con ellos una conexión emocional.

Las emociones siempre han estado ahí y se han empleado en muchas más cosas que simplemente la vida privada. Al fin y al cabo, hay movimientos artísticos que se han centrado única y exclusivamente en las cuestiones emocionales y que han explotado el cómo sentimos y el cómo nos dejamos llevar por esos sentimientos para crear productos que tuvieran atractivo para el público en ese momento. Pero las emociones no solo son una llave para crear productos culturales, lo cierto es que cada vez son más importantes y cada vez tienen más peso a la hora de tomar decisiones y de señalar ciertas cuestiones.

Los consumidores empiezan a valorar cada vez más que las marcas establezcan con ellos una conexión emocional.

Esto es, ya no quieren simplemente todos esos mensajes de lo bueno que es un producto por tal o tal cosa, sino que quieren cada vez más que las marcas conecten con ellos a un nivel mucho más profundo. Quieren sentir cosas por los productos que consumen. Ahí están, por ejemplo, las lovemarks, un concepto que posiblemente un par de décadas atrás hubiese sido difícilmente comprendido por los responsables de marketing y que ahora, sin embargo, se han convertido en una suerte de realidad aspiracional. Todos quieren ser lovemarks.

Para las marcas, las emociones se han convertido en prácticamente una de las pocas herramientas para crear relaciones duraderas y valiosas con los consumidores. Los sentimientos conectan con ellos a un nivel mucho más profundo y mucho más duradero y hacen que las cosas funcionen mucho mejor y de forma mucho más eficiente. Además, las emociones hacen que la marca sobresalga por encima de las demás compañías que están lanzando sus mensajes y creando el mogollón de ruido que afecta a las marcas en el día de hoy.

Las emociones se han convertido, por tanto, en un activo para las marcas y en algo que, como recuerdan en un análisis de Forrester, tiene ya un valor económico. Como apunta en una actualización Victor Milligan, uno de los analistas de Forrester, “los seres humanos son emocionales” y “las reacciones químicas que disparan las emociones determinan nuestros sentimientos por una marca y nuestra intención de gasto”.

Las emociones tienen por tanto que estar muy presentes en todo el proceso de contacto con el consumidor y en toda la experiencia de consumo, ya que las decisiones de compra están cada vez más ligadas a razones altamente emocionales. De hecho, y como concluyen en un estudio de cómo las emociones afectan a los consumidores, un 40% de los mismos está más que dispuesto (y lo haría además ipso facto) a cambiar el gasto tras una mala experiencia. Es decir, en cuanto algo no les gusta y en cuento la marca no hace que se sientan felices, se irán a la competencia.

No son solo los millennials

Este comportamiento altamente emocional se ha ligado siempre a los millennials. De hecho, se situaba como uno de los grandes rasgos de los millennials y como uno de los que hacían que sus hábitos de consumo fuesen tan diferentes a los de otros grupos demográficos. Sin embargo, las cosas no son tan simples.

En el texto de Forrester dejan claro que las emociones y su poder en las decisiones de compra no están ligadas únicamente a los millennials. Ahora mismo, se ha convertido en una especie de elemento transgeneracional y los consumidores de diferentes grupos demográficos lo han adoptado como propio.

El poder de las emociones se ve claramente cuando se buscan ejemplos concretos. Los datos de Forrester permiten encontrarlos. Por ejemplo, los usuarios abandonan las compras digitales con un margen de 50 milisegundos si estas no son como estaban esperando y los proveedores de televisión de cable solo logran un 8% de recomendación entre sus usuarios, lo que no sorprende si se descubre que son el sector que tiene una mayor tasa de desencanto (la cifra es de EEUU). En los hoteles, el 90% de aquellos consumidores que se sienten valorados recomendaría la compañía.
Fuente: PuroMarketing

Indicar claramente qué es publicidad nativa aumenta el CTR

POSTED ON septiembre 23rd  - POSTED IN Sin categoría

El boom del marketing de contenidos ha hecho que los medios se llenen de mensajes de las marcas y de contenidos elaborados en acuerdo con las mismas. Las compañías están apostando cada vez más por este tipo de formatos publicitarios, porque tienen unas ciertas ventajas difíciles de conseguir en otros escenarios y con otras propuestas. Los consumidores valoran de forma especial el marketing de contenidos, ya que las marcas están ofreciendo con ello valor añadido. Los contenidos, cuando están bien hechos, no son ni spam de la compañía ni contenidos de autobombo o irrelevantes, sino que se convierten en información relevante para el consumidor, algo en lo que está interesado y que leerá no por obligación y no porque esté ahí, de forma inevitable.

Para las marcas, además, los contenidos ayudan a conseguir algo que les costaba bastante lograr de otra manera y que los formatos tradicionales ya no eran capaces de conseguir. Las marcas estaban viendo no solo como los consumidores están ignorando cada vez más la publicidad, sino que además estaban siendo cada vez más activos a la hora de bloquear esos contenidos y de hacer que no lleguen realmente a sus pantallas.

Pero los contenidos también tienen sus problemas y sus puntos de fricción. Por un lado, las marcas tienen que aprender a hacer marketing de contenidos ‘bien’, esto es, ir más allá de la idea que algunos parecen tener de que, lo que importa, es simplemente publicar cosas y que ya el resto vendrá solo. Tienen que ser capaces de encontrar a los socios realmente valiosos que les ayuden a posicionar sus contenidos y a producirlos de forma eficiente. Por otro lado, los contenidos, por mucho que reporten valor añadido y por mucho que sean un nuevo formato y herramienta (y una bastante orientada al receptor), tienen que ser identificados como publicidad (algo que estudios previos han ido demostrando que no siempre se hace bien). El consumidor tiene que ser capaz de saber rápidamente que ese contenido no ha aparecido ahí porque sí, porque es relevante o noticioso.

¿Cómo indicarlo y sobre todo qué impacto tienen esos mensajes en cómo el consumidor ve los contenidos y cómo responde ante ellos?

Cómo indicar

Un estudio de Polar ha analizado cómo se presenta la publicidad nativa en diferentes medios de comunicación para ver cómo se recibe este contenido en los dispositivos móviles y cómo afecta a la percepción del consumidor. La mayoría de los contenidos dejan claro que son contenidos patrocinados. Según el estudio (realizado sobre una muestra en inglés), un 55% emplea la palabra sponsored, patrocinado, para indicar lo que son. La siguiente palabra más popular es promoted, con un 18%, y que se podría traducir como promovido. El resto de los contenidos emplea otros términos.

El señalar que los contenidos son publicidad no es, además, una cuestión de semántica. Los medios y las marcas emplean otro tipo de elementos para indicar ese mensaje y para separar el modo en el que se ofrece a los consumidores esa información. Un 85% de los contenidos incluye una indicación por escrito de que son contenido patrocinado. Los medios también usan claves de colores y elementos visuales para indicar que se trata de un contenido nativo. Un 90% de los editores, de hecho, cambia el color de ese mensaje frente al resto del cuerpo del contenido.

Dejarlo claro no es dañino

Se podría pensar que indicar claramente que los contenidos tienen detrás a una marca y que esa marca ha pagado para posicionarlos frente a los demás contenidos del medio podría tener un impacto negativo en los mismos. Al fin y al cabo, se está dando un aviso. Sin embargo, el estudio no llega exactamente a esa conclusión y permite indicar que dejar claro que un contenido es patrocinado no tiene que ser necesariamente nocivo.

De hecho, las conclusiones del estudio pueden ser sorprendentes justo por lo contrario. Según sus datos, incluir el nombre de la marca anunciante en el aviso de que se trata de publicidad nativa aumenta el CTR en un 220%. Si el aviso se posiciona justo debajo del titular de ese contenido y no al final de todo del mismo, el CTR crece en un 300%.

En el universo móvil, sorprendentemente, el nombre de la marca es una suerte de sello que potencia la impresión de que aquello será fiable.

Las marcas no deben, por tanto, engañar a los consumidores o intentar que las cosas se vean lo menos posible. Ser claro no es malo y tiene un impacto altamente positivo en el mensaje.
Fuente: PuroMarketing.com

Por qué los estereotipos han dejado de funcionar en la publicidad

POSTED ON septiembre 21st  - POSTED IN Sin categoría

Uno de los anuncios que se repite al navegar por la red (quién sabe de qué criterio demográfico parten para segmentarlo y quién sabe también qué es lo que los sistemas de publicidad online creen que saben de una) es uno de un popular producto para lavadoras, que alterna con uno de un producto para lavavajillas. En ambos, un ama de casa con un hijo en brazos se queda sorprendida y abrumada por el estado de las entrañas de su lavadora o por lo mal lavados que salen sus platos hasta que aparece un técnico y le explica la clave del problema. Está usando un producto que no es el más adecuado para sus electrodomésticos y para obtener los resultados que espera lograr.

Ambos anuncios, especialmente el de la lavadora, que se repite una y otra vez en una página que visito de forma bastante recurrente, son servidos sin audio (audio que nunca se me ha pasado por la cabeza activar) pero, a pesar de su silencio, resultan bastante molestos. Más allá de que repiten la eterna idea de la pobre ama de casa necesitada de que aparezca un sabio hombre que le resuelva el abrumador problema al que se enfrenta, tanto uno como otro repiten una y otra vez un estereotipo que se ha quedado grabado en los anuncios a sangre y fuego. Una vez más tenemos a una madre con su hijo en su casa altamente interesada en productos de limpieza.

Más allá de cuestiones de género (uno, por otra parte, de los temas que se ha convertido en uno de los favoritos en el mundo de la publicidad en los últimos años y que ha hecho que muchas marcas tengan más o menos éxito en la publicidad recientemente) y de lo refrescante que sería que el ama de casa con problemas para entender cómo salvar a su lavadora de la cal fuese alguna vez un hombre, ambos anuncios representan un problema grave que tiene la industria publicitaria.

Los anuncios se han quedado en los clichés, en los anuncios que siempre tocan las mismas ideas y los mismos estereotipos, pensando que con la generalización están llegando de forma más bien masiva a los espectadores. Es decir, usando esa imagen que podría ser cualquiera, sienten que están llegando a las grandes masas de espectadores, porque están usando una imagen lo suficientemente genérica como para que todo el mundo pueda conectar con ella.

Sin embargo, el mundo ha cambiado y lo ha hecho rápido y mucho. Esas imágenes que se habían asentado como clichés, como el lenguaje de los anuncios para vender tal y tal cosa, ya no funcionan y ya no llegan realmente a las audiencias, porque las audiencias están muy lejos de las versiones estereotipadas que presentan esos anuncios. Cada vez el público consumidor es más variado y más diverso y, por tanto, cada vez los anuncios tienen que ser más variados y más diversos si quieren acercarse a esos consumidores. Y, aunque sería estupendo pensar que las marcas empiezan a cambiar esos anuncios porque han comprendido la importancia que tiene el mensaje a la hora de perpetuar estereotipos y prejuicios, lo cierto es que, para las compañías, esto es tan importante como seguir vendiendo. Si quieren conectar con el consumidor del siglo XXI, tendrán que dejar de usar esas imágenes arquetípicas en sus anuncios.

Las familias han cambiado

Uno de los ejemplos más claros de cómo las cosas no pueden seguir siendo como eran está en las familias. Las familias han cambiado y son mucho más diversas y variadas de lo que eran décadas atrás. Los anuncios no pueden seguir empleando, por tanto, a los referentes de lo que era una familia consensuados en los años 60.

La cuestión viene respaldada por un estudio, elaborado por Haygarth y Flamingo sobre una muestra de consumidores (familias, de hecho) británicas, a los que se les preguntó por los anuncios y por cómo se relacionaban con ellos. Las conclusiones fueron las de que los marketeros no podían seguir usando los mismos clichés y los mismos tópicos si realmente querían conectar con la audiencia. Las marcas tendrían que empezar a representar en su publicidad las realidades cada vez más diversas y más distintas de las familias en el mundo actual.

La encuesta, por ejemplo, indicó que un 72% de los encuestados apuntaba que en su casa no había roles fijos asociados a géneros y que en el 95% se hacía un equilibrio entre las necesidades de cada uno de los miembros de la familia para encontrar las necesidades de la familia como todo.

“Por supuesto, los responsables de marketing conocen la idea de que las familias modernas llegan en todos los tamaños y formas, pero nuestra investigación demuestra que las marcas están atascándose a la hora de conectar y dirigirse a ellos como grupo”, explica a Warc Andy Davidson, co-managing director en Flamingo, recordando que las marcas deberían encontrar aquellos momentos y aquellas cuestiones que todas las familias comparten para hacer mensajes y productos que resulten auténticos.

Es decir, tienen que volver a investigar para reconectar con ellos y encontrar lo que funciona como punto de unión entre todas estas familias tan diversas. Lo que está claro es que usar los mismos clichés de siempre ya no funciona.
Fuente: PuroMarketing.com

Problemas de la publicidad móvil

POSTED ON septiembre 14th  - POSTED IN Sin categoría

La publicidad móvil tiene un gran problema: Nadie hace caso a los anuncios
Los anunciantes están fascinados con el vídeo online y están empleándolo cada vez más y más en sus estrategias, pero la realidad de su efectividad indica un gran problema

Las marcas se han empezado a centrar de forma destacada en posicionarse en el terreno móvil. Los móviles son cada vez más populares y más ubicuos y están, por tanto, en todas partes. Los consumidores siempre llevan una de esas pantallas en sus manos y están siempre atentos a lo que ocurre en ellas. Los móviles se han convertido en uno de sus principales focos de atracción y en uno de los espacios a los que destinan más tiempo y más interés. Les encantan sus smartphones y están cada vez más volcados en ellos.

Este interés creciente de los consumidores por sus móviles tiene un impacto directo sobre cómo las marcas están percibiendo las cosas y cómo están tomando decisiones referentes a sus presupuestos publicitarios. Las últimas estimaciones de inversión publicitaria apuntalan, de hecho, esta nueva realidad. Según un estudio de Zenith, la inversión publicitaria va a crecer de forma destaca en el futuro inmediato y lo hará haciendo que internet se lleve la mejor parte.

Pero lo cierto es que los números no solo dicen eso, sino que también dejan clara otra tendencia. En esta tasa de crecimiento, no solo crece la inversión publicitaria en internet sino que también se reorganiza. Tanto es así que en los próximos años la inversión publicitaria en escritorio caerá más que la de los periódicos. ¿Quién será el gran ganador de este cambio de tendencia? El ganador será, directamente, el móvil. La publicidad en dispositivos móviles crecerá de forma estratosférica en los próximos años y será cada vez más y más relevante.

Los anunciantes no solo quieren al móvil de forma general sino que además centran en el móvil sus esfuerzos en algunos segmentos que están creciendo mucho y que están consiguiendo cada vez más éxito entre los consumidores, como puede ser la publicidad en vídeo.

Según datos que recoge eMarketer, los anunciantes están fascinados con el vídeo online y están empleándolo cada vez más y más en sus estrategias. Las razones por las que los anunciantes apuestan más por el vídeo y la publicidad asociada a ellos en dispositivos móviles son variadas. Un 44% considera que aumenta el reconocimiento de marca, un 34% que ayuda a llegar a más audiencias, un 26% que hace crecer la percepción favorable a la marca y un 25% que aumenta la intención de compra.

El móvil se convierte así en el escenario de moda.

Pero no todo es de color de rosa

¿Convierten todos estos datos al vídeo en el protagonista de todas las cosas, en el portador de grandes y buenas noticias en el mundo cada vez más complicado de los mensajes de marca? ¿Es el universo móvil la solución a todos los problemas de las marcas? En realidad, la respuesta es mucho más compleja que eso y, a pesar de que el móvil está logrando atraer cada vez más y más la atención de los consumidores y a pesar de que las marcas lo están empleando de forma cada vez más y más recurrente, las cosas no son tan sencillas. El móvil tiene muchos beneficios, cierto, pero es un terreno muy complicado para las marcas.

Los consumidores odian, de entrada, mucho más los anuncios en los dispositivos móviles.

No hay más que ver cómo han crecido los adblockers en los últimos años y, sobre todo, al calor de qué lo han hecho. El hecho de que empezasen a poder ser empleados en terminales móviles y el hecho de que las operadoras empezasen a jugar con la idea de limitar de serie su presencia, demuestra cómo han cambiado las cosas y dónde los consumidores son mucho más reticentes ante ellos.

A todo esto hay que sumar que los consumidores tienden a ignorar más la publicidad en los dispositivos móviles y a, directamente, no ver esos anuncios. Solo hay que preguntarse cuándo fue la última vez que se hizo clic (queriendo) en un banner móvil para comprenderlo.

Incluso en el mundo dorado de la publicidad en vídeos móviles, las marcas reconocen que tienen que enfrentarse a muchos y muy duros retos. Un 29% cree que el principal problema es que la ventana de atención de los consumidores es menor, un 28% que lo son las pantallas, otro 28% la visibilidad real del anuncio y un 23% la dificultad de llegar a grandes audiencias. A esto se suma el 21% que teme estar dañando la experiencia de navegación con sus anuncios o el 9% preocupado por el fraude.

La publicidad en móvil puede ser muy prometedora, pero no es aún el maná del cielo.
Fuente: Puro Marketing

La Neurociencia nos dice sobre cómo segmentar mejor a las audiencias

POSTED ON septiembre 12th  - POSTED IN Sin categoría

Los consumidores siguen ciertos patrones a la hora de decidir qué comprar

Lo que la Neurociencia nos dice sobre cómo segmentar mejor a las audiencias

Una de las cosas que antes se aprenden cuando se está haciendo estrategia de marca es la de que los mensajes tienen que ajustarse al mercado al que uno quiere llegar. Es decir, los mensajes ‘totales’, esos que con el mismo reclamo quieren llegar a audiencias millonarias, no funcionan. Hay que ajustar lo que se está diciendo y transmitiendo al mercado exacto al que se intenta llegar con un producto o con un servicio. No es lo mismo, al final, vender a un adolescente que intentarlo con su abuelo. Lo que uno y otro quieren escuchar es distinto y lo que la marca tiene, por tanto, que decir, también lo es.

Pero, a pesar de que las marcas tienen muy clara esta lección y saben que las cosas tienen que ajustarse a esas ideas, la segmentación no siempre funciona y no siempre se está haciendo realmente bien. Las marcas pinchan muchas veces en ese proceso, incluso cuando han hecho ya muy bien la segmentación y han logrado hacer muy bien los deberes de determinar con quien necesitan hablar para lanzar su producto.

¿Qué es lo que falla?

Muchas veces el punto clave, aquel que hace que las cosas no funcionen como deberían ser, está en lo que los consumidores esperan y lo que las marcas hacen. Las marcas han hecho bien el trabajo de encontrar mercado y de dividir a los consumidores en diferentes nichos de mercado y en diferentes segmentos que recibirán igualmente distintos mensajes, pero, a pesar de todo, no logran crear los mensajes más adecuados para ellos.

¿Por qué ocurre esto?

La clave está en lo que se dice y no tanto en lo que se hace. Las marcas hacen el trabajo de diferenciar y separar a las audiencias, pero después no son capaces de crear los mensajes que mejor encajen con ellas.
Y ahí es donde podría entrar en juego la neurociencia. Según apuntan los expertos, la neurociencia podría ayudar a afinar los mensajes y a hacerlos mucho más adecuados para sus receptores, lo que haría que estos fuesen capaces de percibir mejor lo que la marca le está queriendo decir.

Como explica a Warc Peter Steidl, un especialista en neurociencia, las marcas no siempre saben aprovechar bien la segmentación realizada. Han identificado muy bien las potenciales audiencias a las que tienen que llegar, pero los mensajes que les lanzan no pulsan las teclas correctas. Es decir, los mensajes no son los que realmente empujan al consumidor a comprar.
Los consumidores siguen ciertos patrones a la hora de decidir qué comprar. En el cerebro, existen ciertos circuitos que son los que se siguen para tomar decisiones de compra y que han sido establecidos a lo largo de los años en la mente del consumidor. Estos circuitos son, de hecho, los que marcan el comportamiento de consumo de los compradores muchas veces a lo largo de toda su vida.

Los mensajes que triunfan

Los mensajes de las marcas tienen que ser capaces, por tanto, de llegar a esos circuitos, de lanzar el mensaje que activará ese comportamiento. Es decir, las marcas tienen que identificar antes que nada el elemento que impulsa las decisiones de compra de sus consumidores, lo que hace que sus consumidores realmente se queden con un producto.

Por ejemplo, las marcas suelen tener más éxito entre los consumidores si estos sienten que la compañía en cuestión y el producto en cuestión sirven para cumplir con sus objetivos. Cuando esto ocurre, el consumidor siente que está cumpliendo con sus metas y se produce un efecto químico. Se libera dopamina y el consumidor se siente bien, se siente mejor.

Pero esto no es solo lo que puede variar el mensaje y el cómo conectar con el consumidor, sino que también entran en juego otros factores. La edad y el género de los consumidores puede cambiar por completo cómo estos ven al producto y cómo esperan recibir esos mensajes. La marca no les puede decir lo mismo a todos ellos.

El BIG DATA no es nuevo. Es distinto

POSTED ON septiembre 6th  - POSTED IN Sin categoría

El Big Data, ¿Nos viene aún grande?
La gran cantidad de información que incluye el Big Data de poco sirve si no se posee la capacidad y los medios para convertirla en conocimiento.

“Todos los días generamos 2,5 trillones de bytes en datos; el 90% de los datos del mundo acumulados a día de hoy se han creado en los últimos dos años.” Son algunas de las constataciones que nos proporciona SINTEF, la mayor organización de investigación independiente de los países escandinavos.
“Cada hora se pueden procesar una media de 60 millones de transacciones procedentes de cerca de 2.000 millones de tarjetas en 220 países, a través de más de 40 millones de comercios” y, sin embargo, “el 90% de todos los datos que generan dispositivos como smartphones, tabletas, vehículos y electrodomésticos conectados nunca se analiza? la mayor parte de ellos empiezan a perder valor en cuestión de milisegundos?” afirman investigadores de IBM.

Como ya se sabe, a esto ahora lo llamamos “Big data”, que no es sino ese inmenso volumen de información personal que, en formato digital, vamos dejando en los cada vez más numerosos dispositivos de nuestra interconectada vida. Para situarnos un poco mejor en la realidad del Big Data hay que recordar, por ejemplo que, por muy digitales que sean, tales bits necesitan un espacio físico donde guardarse: son los Data Center, uno de cuyos mayores problemas, por cierto, es algo tan prosaico como la refrigeración de sus potentes servidores, lo que está acelerando proyectos de instalaciones submarinas. Facebook, Google? poseen grandes centros de datos por razones obvias; sin embargo alguien vislumbró que ahí había negocio y hoy es Digital Realty la compañía que tiene las mayores instalaciones puesto que se dedica a la adquisición, venta y alquiler de las mismas. Cuando el contenido es tan importante, el continente puede ser muy rentable.

El BIG DATA no es nuevo. Es distinto

El Big Data es hoy uno de esos fenómenos a los que la sociedad periódicamente debe “enfrentarse”, en el mejor de los sentidos (o no), y que son fruto de su propia evolución y conocimientos. Quizá un equivalente histórico sea la aparición de la imprenta o la de los vehículos a motor. La escritura y la rueda ya existían pero fueron la capacidad de multiplicar la reproducción escrita y la de acelerar el movimiento de la rueda lo que introdujo un cambio sustancial en su uso y su influencia. La información personal organizada y acumulada, de manera similar, también existía antes del Big Data. Acerquémonos a la sacristía de cualquier Iglesia y comprobaremos cómo allí se conservan registrados datos personales por décadas e incluso siglos. No digamos en un Registro Civil o Notarial. Es la historia, nuestra historia, lo que ni más ni menos, se va conformando con tales anotaciones. Un Museo es también un “Little Data” temático, allí donde se guardan los restos de nuestro pasado que ayudan a entender nuestro presente.
Todavía es pronto, seguramente, para evaluar las consecuencias del Big Data y su creciente uso por parte de empresas, instituciones y personas. Van detectándose poco a poco implicaciones éticas, legales, económicas, o que afectan a nuestra propia convivencia y las relaciones que tenemos con nuestro entorno, pero falta perspectiva y también quizá la constatación suficiente de sus consecuencias a nivel personal para que incluyamos hoy a este fenómeno entre nuestras preocupaciones. A lo sumo somos capaces de asumir que la difusión de nuestros datos y el uso de los mismos por terceros, aun cuando sea con fines comerciales (es decir, para ganar dinero a nuestra costa), forma parte del precio que hemos de pagar por el uso y disfrute de las nuevas tecnologías y sistemas de comunicación, así como por el acceso libre a contenidos ilimitados.

Como de forma acertada afirma Chris Meyer, en el recorrido de los datos a la sabiduría existen dos peldaños intermedios que son la información y el conocimiento. Pues bien, el Big Data viene a ser un atajo que facilita precisamente la conversión de la pura información, como cúmulo de datos simplemente reunidos y medianamente organizados, en conocimiento, o sea en el “dominio” útil de tal información una vez analizada y estructurada para un fin determinado.

Al menos, esa es la teoría. En realidad el mundo del Big Data aplicado exige algunos requisitos so pena de aceptar el caos como magnitud atractiva y útil.
Del BIG DATA al “Useful Data”
Pongámonos en el caso de una empresa, quizá pequeña o mediana, que quiere aproximarse al mundo del Big Data y empezar a vislumbrar su uso. En primer lugar es imprescindible, como condición sine qua non, laaccesibilidad a los datos.

Una de las realidades que los expertos vislumbran en un futuro próximo es el incremento drástico del comercio de datos. De acuerdo con Statista, el valor de mercado del Big Data en 2015 fue de 11 mil 957 millones de euros, y se estima que en 2016 sea de 15 mil 732 millones de euros. En otras palabras, nuestros datos tienen un reflejo económico más que considerable. El “I agree” que de manera refleja clicamos en redes, webs de e-commerce, buscadores etc. es su puerta de entrada a nuestra información y ésta pasa a ser un producto tan apetecible como valioso.
Pero nuestra Pyme, aunque podría acceder a este comercio, quizá prefiera empezar por algo más a su alcance, por ejemplo, su propia base de datos de clientes, o la información contenida en su servicio post-venta, o en los reports comerciales. Eso son datos que cumplen con el primer requisito de accesibilidad.

El segundo paso es el análisis (recordemos que hay que pasar de la información al conocimiento). Eso, entre otras cosas, consiste en lo que los expertos llaman “eliminar el ruido”, porque la condición de “dato” no es en si misma una garantía de utilidad. En el ejemplo, nuestra empresa debería contrastar sus ficheros para eliminar nombres erróneos, personas fallecidas, teléfonos fallidos etc. Se trata de aplicar unos filtros de puro sentido común que, en buena medida, pueden automatizarse.

Y el tercer paso es contextualizar la información que poseemos . En sectores como la Banca y respecto al uso que los clientes hacen de sus tarjetas de crédito, es básico conocer no solo el volumen global de compras, o la cantidad de intercambios realizados sino las circuntancias en que se realizan aplicando parámetros sociodemográficos, geográficos, temporales, etc.
El Big Data y su “cadena de montaje”

Pues bien, si a partir de dos requisitos previos como son su volumen y su variedad, ya poseemos los datos, los hemos filtrado y situado en un contexto preciso, nos topamos con la necesidad de procesarlos. Cuando hablamos de Big Data con su significado real, o sea de una gran cantidad de información, se aplica la llamada “computación distribuida” que no es sino el reparto de tal masa de datos entre distintos procesadores para luego agrupar el conocimiento extraído.

Empresas como Google aplican su propio modelo de procesamiento, llamado Map Reduce, a cuyo resultado accedemos los usuarios al consultar Google Trends o Page Rank, por ejemplo. En código libre está HADOOP y la Universidad de Berkeley, por su parte, desarrolló Spark, entre otros.

¿Y cuál es el resultado de todo este proceso?
En pocas palabras: convertir datos en valor mediante la combinación, como hemos visto, de procesos digitales y análisis racionales, y todo ello para alcanzar el conocimiento útil para una mejor toma de decisiones empresariales. El Big Data, por tanto, no es nada si no es “para”. Solo es valioso en razón de una finalidad que vaya más allá de su simple contemplación. De lo contrario estaríamos en la posición del avaro que se conforma con observar sus tesoros mientras vive en la miseria.

El futuro nos depara sorpresas, seguro. Y muchas de ellas vendrán de la mano del Big Data. Algunas ya comienzan a intuirse, en relación con la salud, la seguridad, el mercado e incluso los deportes. Otras ni las imaginamos. Los seres humanos inmersos en la civilización actual somos especialmente fecundos en dos cosas que generamos y difundimos con una incontinencia imparable: desechos y datos. El reto, ya en marcha, es controlarlos para minimizar sus efectos negativos, y “domesticarlos” para hacerlos valiosos en una forma vida que habrá de apoyarse en una fructífera gestión de la realidad antes que en la ficción.
Fuente: PuroMarketng.com

¿Todos los Millennials son iguales?

POSTED ON septiembre 1st  - POSTED IN Sin categoría

Cinco perfiles para cinco tipos de empresarios

La prioridad de la vida personal ante la profesional y el deseo de independencia son algunas de las características comunes de estos jóvenes empresarios
Los tan famosos Millennials tienen muchas características en común que los definen y que han conseguido unificar a esta generación de jóvenes empresarios. Entre ellas, el deseo de independencia, la creencia en el bien social o el compromiso de la felicidad de los empleados de sus compañías son algunas de las peculiaridades que distinguen a este singular grupo de los clásicos empresarios.

Así lo asegura el informe Walk With Me, elaborado por Sage, líder mundial en sistemas integrados de gestión, nómina y pagos, que da a conocer los intereses y la forma de comportamiento empresarial de esta nueva generación. Pero a pesar de la catalogación de Millennials como un solo grupo, no existe homogeneidad entre ellos y gracias a las conclusiones de este informe Sage ofrece cinco grupos según sus prioridades y su comportamiento en el entorno de trabajo:

1.- Los planificadores con principios: suelen planificar metódicamente su trabajo y disfrutan de él. Siempre inquietos, buscan ser los dueños de su propio destino y tienen un toque ambicioso a la par que saben disfrutar de su trabajo. Valoran más a las personas que a la tecnología pero confían en ella para estar por delante de la competencia. En diez años se ven a sí mismos ahorrando en el presupuesto destinado al espacio de oficina y en gastos generales para invertir en trabajo móvil y emplear a trabajadores desde el extranjero.

El 66% son hombres frente al 33% que son mujeres
Perfiles de este tipo suelen ser comunes en países como Nigeria, Sudáfrica y Canadá
Tienen potencial medio para emprender más de un negocio
2.- Los amantes de la tecnología: son unos apasionados de su trabajo y creen firmemente en el poder de la tecnología. No conciben la idea de sentarse a esperar de brazos cruzados y muestran un gran interés por compartir sus ideas con el mundo. Confían y sueñan con que sus valores creen impacto social. No confían en las apariencias y valoran la tecnología por encima de la gente para la buena marcha de su negocio, tanto, que consideran que las redes son cruciales para su trabajo. Les preocupa la dependencia de la financiación y la saturación del mercado.

El 53% son hombres frente al 47% que son mujeres
Perfiles de este tipo suelen ser comunes en países como Sudáfrica, Estados Unidos y Canadá
Tienen potencial medio para emprender más de un negocio
3.- Los descubridores innatos: aman lo desconocido y confían en su instinto. Suelen priorizar el trabajo sobre la vida y es muy importante para ellos dejar su legado para que sean recordados. Les encanta la tecnología y dependen de ella a pesar de que afirman que no es crucial para su éxito. Ganar dinero es mucho más importante que el honor a sus valores personales y sociales, por eso mismo, su objetivo es trabajar muchas horas, hacerse rico pronto y retirarse lo antes posible. Suelen dejar libertad a los empleados, y les entregan mucha confianza.

El 67% son hombres frente al 33% que son mujeres
Perfiles de este tipo suelen ser comunes en países como Australia y Singapur
Tienen potencial alto para emprender más de un negocio
4.- Los realistas: suelen combinar un enfoque metódico con su instinto. Tienen como objetivo hacer crecer su negocio pero siempre y cuando puedan continuar trabajando para sí mismos. Valoran mucho más a las personas que a la tecnología y prefieren hacer negocios en el mundo real, por encima del mundo virtual. Suelen elegir la vida sobre el trabajo pero están orgullosos de su trabajo y creen en el poder de la gente.

El 65% son hombres frente al 35% que son mujeres
Perfiles de este tipo suelen ser comunes en países como Suiza, Alemania y España
Tienen potencial bajo para emprender más de un negocio
5.- Los amantes del riesgo: no se preocupan demasiado por la tecnología y les es indiferente en qué medida esta puede ayudar a su negocio, tanto es así que piensan que podrían manejar su negocio con la tecnología de hace veinte años. Siempre están buscando el siguiente desafío para no aburrirse y disfrutan de lo desconocido. Suelen entender el éxito de su negocio como suyo propio y trabajan por la felicidad de sus empleados, que tienden a compartir la ambición y el empuje de sus jefes.

El 72% son hombres frente al 28% que son mujeres
Perfiles de este tipo suelen ser comunes en países como Suiza, Bélgica y Polonia
Tienen potencial bajo para emprender más de un negocio
“Los empresarios Millennials están aportando mucho al mundo laboral moderno y a la economía actual”, explica Stephen Kelly, CEO de Sage. “Además, gracias a la heterogeneidad de esta generación, aportan distintos valores y enriquecen el panorama empresarial. Conocer sus inquietudes y su forma de trabajo ayudará, y mucho, al resto de empresarios”, concluye Kelly.
Fuente: PuroMarketing.com

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